Pasamos horas paseando por las rosas, los pasillos eran divinos, hermosos, contagiosos. Me sentí completamente enamorada del lugar. Alex prometió llevarme a conocer la tienda al día siguiente ya que perdimos todo el tiempo aquí en la finca. —Alex, te amo, gracias por este increíble regalo, prometo cuidarlo con todo el cariño que se merece. —Lo sé, cariño, sé que no podría estar en mejores manos que en las tuyas. Alex arranca una rosa roja de un rosal que estaba justo frente a él y me la entrega, inhalo su dulce perfume mientras le sonrío. —Hermosa, gracias. —Nada se compara con tu belleza. —Qué galante estás hoy —digo en tono de broma. —Siempre lo he sido, mi ángel —susurra besando mis labios. —¿Vamos? —¿Ya? —hago un puchero. —Sí... Nik llamó, ella y Patricia quieren hacer una vi

