La habitación estaba envuelta en un silencio pesado, solo interrumpido por el sonido ocasional de los pasos de los sirvientes en el pasillo. Desde mi cama, escuchaba los ruidos lejanos que llegaban desde el comedor. Otra cena en la que prefería no participar. Después del almuerzo infernal, no me quedaban fuerzas para enfrentar otra vez a la familia de Alejandro, especialmente su madre. Mi plan era quedarme en la habitación, con las luces apagadas, fingiendo que no existía el mundo más allá de esa puerta. Pero mis planes se desvanecieron cuando oí los pasos decididos acercándose. No fue una empleada quien abrió la puerta esta vez. Era Alejandro. Alto, impecable como siempre, pero con el ceño fruncido y una frialdad en sus ojos que me dejó helada. -¿Vas a quedarte aquí toda la noche? -preg

