NARRA JULIANA. Me puse mis lentes negros, para que ellos no pudieran ver mis ojos y bajé del auto junto a Eva. — ¿Estas lista?.— Me preguntó ella antes de que crucemos la gran puerta de la Iglesia. — Eso creó.— respondí acomodando mi vestido oscuro Espero que terminase y abría la puerta para que ambas pasemos. Algunos miraron para atrás al sentir el ruido y luego continuaron atentos a las palabras del padre que llevaba a cargo el servicio. — La muerte no es el final, al menos no para estos oficiales que dieron su vida por los demás.— decía él padre Ignacio mientras nos sentábamos en unas de las primeras filas. Miré hacia delante, vi cada foto, había tres grandes fotos en unos marcos preciosos. Miré a mi alrededor, había muchos uniformados despidiéndolos, hasta él gobernador había
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