Flo, sosteniendo su espada, corre hacia mí, y por un momento siento lo que sería enfrentarme a ella. En cierta forma, sería como mirarme en un espejo. Me aterra. Suena un timbre y miro alrededor de la habitación y veo a otros chicos bien armados. Esto no presagia nada bueno. “Bree, Charlie”, le digo a ellos. “Pase lo que pase, quédense cerca de mí, ¿de acuerdo? No vayan muy lejos. De esa manera, puedo cuidarlos”. “No es necesario que cuides a Charlie”, dice Flo. “Yo lo haré”. Ella es territorial y ya tiene su cara de póquer. “Solo trataba de ayudar”, le digo. “Cuida a tu gente”, me contesta. Ha trazado una línea clara en la arena. “Charlie, ven conmigo”, le ordena. Charlie mira hacia adelante y hacia atrás entre Flo y yo, y parece reacio a ir con ella. Pero poco a poco, él obed

