D I E C I N U E V E Poco a poco abro mis ojos, preguntándome si estoy viva o muerta. Mi cabeza me mata. Siento como si pesara cuatrocientos cincuenta mil kilos y al ver alrededor, parpadeo, y me esfuerzo por averiguar dónde estoy. Veo a Bree sentada junto a mí, a Charlie a su lado y a Ben junto a él. Estamos en una especie de celda, protegida con barras de metal, que lleva a un túnel exterior. Solamente estamos los cuatro aquí. Me pregunto si estoy despierta o dormida, hasta que Bree de repente se incorpora y me mira. “¿Brooke?”, pregunta. Ella se inclina y me da un gran abrazo. Mi cabeza se parte, pero sigo abrazándola. Charlie se acerca corriendo y me abraza también. Ben se arrodilla, me mira, y coloca una mano en mi cara, con suavidad. “¡Estás viva”, dice él aliviado. Él se

