Capítulo cinco

1313 Palabras
-Mi español es muy básico -murmura Matt. -No te alejes de mí, hermanito -dice Nicki apareciendo a su lado-. Aprobé español avanzado. -Apenas -reitera Matt-. Apenas aprobaste. -Si, si, lo que digas -Nicki sacude la mano y rebasa a su hermano. Julia sacude la cabeza con una risita divertida cuando los ve pelear por el asiento del copiloto en una de las camionetas que esperan por ellos. -¿Lista para poner en práctica tu español? -bromea Reagan. -Apenas puedo pedir el baño -responde la pelirroja-. Oh, y ordenar un sexo en la playa. -Pero no puedes beber -replica Reagan con diversión. -Lo sé, esa no me servirá mucho. Reagan pone los ojos en blanco, pero una sonrisita divertida se extiende por su rostro mientras sigue a su mejor amiga hasta la enorme camioneta negra. El camino hasta el hotel es relativamente corto, y en menos de quince minutos se encuentran atravesando lo que parece una fortaleza. Los ojos azul acero de Reagan parpadean un par de veces ante el sublime espectáculo que representa toda la arquitectura del lugar. -¿Esto es un hotel? -escucha la voz curiosa de Julia a su lado, y Reagan se encoge de hombros. -Eso parece -responde. Cuando finalmente bajan de los vehículos, hay una corte esperando por ellos en la entrada. Desde el servicio de limpieza, pasando por los botones hasta el gerente. -Bienvenidos al Cap Rocat -saluda el gerente, dando un paso hacia adelante, y con un perfecto inglés-. Estamos para servirles toda su estadía -es elegante y cortés, del tipo refinado que agradan muy poco a Reagan y Matt, quienes se dan una mirada cómplice. Julia pone los ojos en blanco al notarlo y le da un codazo en el estómago. -Ni se les ocurra -advierte-. No quiero que se repita lo del año pasado con nuestros padres. -No sé a qué te refieres ahora mismo -responde Reagan con cara inocente. -Les mostraremos sus habitaciones e instruiremos en la historia del hotel hasta entonces -continua el hombre de traje impecable y acento. -Estupendo -asiente de acuerdo Jack- ¿Y respecto a nuestro pedido especial? -Oh, por supuesto -asiente-. Tal y como ustedes lo pidieron, el hotel está cerrado al público durante sus dos semanas de estadía. -Espera -murmura Reagan- ¿A qué se refiere? -¿Seremos los únicos en este hotel durante dos semanas? -cuestiona Julia. -Así es -asiente Jack y Marcus al mismo tiempo y con una enorme sonrisa en sus rostros. -Entonces no habrá accidentes con otros huéspedes -acota Jack con las mejillas sonrojadas. -Eso -asiente Marcus. Y quizá sea porque a veces, y solo a veces, les gusta ser un poco egocéntricos. * Para cuando el recorrido acaba, Julia conoce cada aspecto de la historia del hotel. Desde su uso como fortaleza que data de 1889 a 1996, hasta su adquisición como propiedad privada en 2001 para renovarse en 2010 y convertirse en un hotel de lujo que conserva intacta su arquitectura militar y se funde con un paisaje realmente espectacular de reservas marinas y mitológicas. Al menos eso es lo que recitó el gerente de camino a las habitaciones de lujo. A Julia le parece realmente impresionante y respetuoso el trabajo que se hizo en la remodelación del fortín militar y no puede evitar maravillarse al atravesar y contemplar los edificios históricos convertidos en salones privados. No se sorprendería para nada enterarse que se trate de un icono hotelero internacional. Sus ojos azul cristalinos brillan ante la majestuosa vista que tiene de toda la bahía Cala Blava desde la terraza de su suntuosa suite construida del lado del acantilado. Está tan maravillada contemplando el mar con ojos soñadores, que se le escapa el sonido de la puerta de su habitación siendo abierta. -Oye -escucha el suave murmullo de Reagan acariciar su piel tan tiernamente que la obliga a cerrar los parpados con fuerza y envolver sus manos en puños. -Oye -responde después de un rato en medio de un suspiro tembloroso. -¿Qué piensas de este lugar? -pregunta a su lado. Julia parpadea un par de veces y carraspea. -Ummm -murmura pensativa-. Es genial -termina respondiendo, seguido de un encogimiento de hombros. -Si -asiente de acuerdo Reagan-. Parece una fortaleza. -Eso es porque lo fue -responde Julia, poniendo los ojos en blanco. -Ya lo sé, sabelotodo -bromea Reagan y le revuelve el cabello. -Oye -chilla Julia, apartándose y lanzándole un manotazo a su mejor amiga-. No tienes idea cuanto tardo en dejar esto bien -advierte mientras se cepilla los mechones pelirrojos. -Eres toda una princesita -se burla. -Y tú eres toda una idiota -bufa Julia entrando en la habitación-. Aun no me puedo creer que hayan pedido todo el hotel solo para nosotros. Reagan se lanza sobre la cama de Julia y suelta un suspiro de satisfacción mientras se retuerce entre las sábanas. La pelirroja pone los ojos en blanco. -No sé qué te sorprende -murmura en respuesta-, siempre han sido excéntricos. -Ya lo sé -responde Julia y se dirige a la esquina de la habitación donde permanecen erguidas sus dos grandes maletas-, solo esperaba que fuera una oportunidad para conocer personas nuevas -musita pensativamente-. Ya sabes -echa una mirada a Reagan y encoge un hombro-. Hacer amigos. Julia toma un par de prendas y empieza a colocarlas en percheros para colgarlas en el armario. Tarda unos diez minutos en ordenar cada prenda y se da cuenta que, en todo ese tiempo, Reagan no ha dicho nada, así que mira por encima del hombro para encontrar a su mejor amiga jugueteando con sus dedos pensativamente. Mordisquea su labio y cierra la puerta del armario, girándose para mirar con ojos entrecerrados a Reagan. Se ve extrañamente tímida y con un ceño profundamente fruncido. El corazón de Julia hace una voltereta dentro de su pecho y siente los aleteos de las mariposas golpeteando en su estómago mientras la necesidad de besar los labios rojos de su mejor amiga incrementa a cada segundo. Se sacude la cabeza con un suspiro y aleja ese pensamiento. Aun no es el momento, se recuerda con severidad. Ella tiene que jugar bien sus cartas durante este verano antes de actuar a favor de sus deseos y terminar siendo rechazada como tanto teme. Entonces, con esa idea en mente, va hasta la cama y se lanza sobre Reagan. -Cof -tose Reagan al sentir el peso de Julia golpearle. Escucha la risita de la pelirroja mientras es envuelta en un abrazo apretado de brazos y piernas. La sensación del cálido cuerpo de Julia contra el suyo dispara sus sentidos. -Quizá podamos quedarnos así -ronronea, hundiendo la cara en el hueco del cuello de Reagan, y acaricia la piel pálida de su mejor amiga con la punta de su nariz-. El viaje fue largo y el jet lag me está matando ahora mismo -señala en medio de un suave quejido que le pone la piel de gallina a Reagan. Reagan no se mueve ni dice nada en respuesta, simplemente se queda ahí con el cuerpo rígido y la mandíbula apretada dejando que Julia hiciera lo que quisiera. No era la primera vez que se abrazaban así, de hecho, era algo que sucedía constantemente desde el inicio de su amistad. Ser amiga de Julia Hill implica soportar una infame cantidad de abrazos y mimos debido a su constante necesidad por tener contacto con las personas, especialmente con aquellos que ama. Se la podría catalogar como una abrazadora compulsiva y Reagan bromea siempre como parece un tierno y dulce Koala. -No te vayas -murmura adormilada ciñéndose contra Reagan-. Por favor, no te vayas. El cuerpo de Reagan va perdiendo rigidez y termina envolviendo a Julia en sus brazos. -No me voy -responde y le deja un beso en la frente. -Bien -asiente con un suspiro feliz-. Cuando haya superado el cansancio iremos a la playa y nos divertiremos mucho.
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