2. El día aún no termina

1088 Palabras
Iván soltó un bufido molesto al darse cuenta que la casa que habían preparado para ellos quedaba justo en el límite de las tierras de ambas familia, era como una especie de frontera y ahora ellos las resguardaban. —Por lo menos es moderna — murmuro con un deje de admiración en la arquitectura de la casa. No se podía negar que el jardín delantero con plantas altas, pavimentado, una fuente y los ventanales altos eran de su gusto. Camino hacia la entrada encontrando una llaves en la puerta y un ridículo cartel que decía "Bienvenidos a su nuevo y espléndido hogar tortolitos" —Si, claro —arrancó esa cosa de un tirón lanzándolo al suelo — Que dulce y divina bienvenida. Por el rabillo del ojo vio que Carmen estaba justo detrás de él, la chica miraba al suelo y se mantenía callada. Iván entre cerro los ojos con sospecha, no le gustaba para nada esa actitud su mente le estaba alertando de algo y no sabía que era. En ese instante sonó su celular lo sacó del bolsillo y contestó. —¡Los quiero ahora mismo en la celebración!— exigió su padre al instante de haber contestado—. Haz que Carmen se cambie ese vestido de luto y se ponga el que está en el cuarto principal. Iván miro a Carmen, dudaba mucho que esa mujer fuera a cambiar de ropa, si fue así a la ceremonia seguramente estaría igual en toda la celebración a la que él tenía pensado no ir, pero al parecer sus padres no los iban a dejar escapar. Designándose a su realidad decido comentarle a Carmen lo que su padre quería. —Mi padre quiere que te pongas otro vestido. —No—fue su escueta respuesta. —No quiere — le comunicó a Don Orlando al instante. —¡Es una Culicagada malcriada! — mascullo su padre— Una Rodríguez vulgar tenía que ser. Iván no contestó, también desaprobaba el estilo de su esposa y a su familia. —Entonces... —Entonces traela así, lo importante es la Unión familiar y la paz entre las familia. Traela— demandó colgando sin más. Guardo su celular y miro al cielo buscando paz para su alma. No la halló. Estaba acabado y vaya que había caído en la vil trampa de su familia como un completo idiota. Le habían visto la cara pero eso no se iba a quedar así. Tenía toda la intención de acabar con su matrimonio tarde o temprano. —Vamos—le dijo a Carmen dándose la vuelta, retomando el camino por donde habían entrado. Carmen, no lo siguió. —Carmen— Se detuvo al darse cuanta que ella no se movió de su lugar—. No juegues conmigo, la paciencia no es una de mis honorables virtudes, entra al carro ya— advirtió con dureza. Ella no se movió. Iván, estaba empezando a perder los estribos. Se llevó una mano hacia la parte de tras del cuello dándose un leve masaje, el estrés del día se le estaba acumulando y sentia que un ataque de torticulis estaba a punto de darle. —Bien —exasperado camino hasta ella agarrandola por las piernas y lanzandola sobre su hombro —. No me gusta repetir las cosas. Ella chillo disgustada, el sombrero salió volando al igual que la orquídea que mantenía su cabellera caoba en un moño bajo. Ivan logró llegar hasta el carro a duras penas, Carmen no dejaba de darle golpes e intentar soltarse, a penas la bajo aprovecho su desconcierto para meterla inmediatamente en el carro. —¡Ponle seguro, Rubén! — le grito al chofer, mientras iba en busca del sombrero que cayó en unos matorrales. Iván regresando tan rápido como pudo evitando que Carmen se mes escapara. Tocó el vidrio de la ventana del copiloto, Rubén Quito el seguro e Iván ingreso a la parte de atrás de carro, lo hizo con agilidad esquivando todo los golpes que le lanzó Carmen para intentar salir. —Rápido Rubén, conduce antes de que esta loca decida lanzarse del carro, las lunaticas suelen hacer eso. Iván Esquivo otro golpe agarrandole la pierna en el proceso a Carmen, el vestido se deslizó hasta la cintura dejando al d*********o una Liga abrochada a una tira que conectaba con su ropa interior del mismo color de su atuendo, Iván sonrió con deleite. —Bueno, bueno... Pero ¡¿Que es lo que están bien mis ojos?!— canturrio divertido y... ¿Excitado? — ¡Carmen, Por Dios! Que atrevida, y yo pensado que te habías criado en un convento. —¡Sueltame! ¡Eres un cavernícola!— le grito intentado soltarse de su agarré. Iván río divertido, le soltó la pierna y se acomodo en su asiento. —Mi certificado de nacimiento dice que nací en un año dentro del siglo veinte, lo que quiere decir que soy millennial y no de la era de los cavernícolas. Carmen soltó un sonido de enfado, tomó su sombrero y se lo acomodo en la cabeza ocultando su cabello y rostro. —Además de hombre de las cavernas no sabes hacer chiste, eres egocéntrico, antipático, odioso y para nada buena gente. Todo un Fernández en su esplendor. —Y tú, toda una Rodríguez, tan vulgar y vibora. —No voy a discutir contigo, tan viejo y pareces un niño de cinco años llorando porque sus papis le quitaron los dulces para que no le de caries— espeto con acidez volteando la cara hacia la ventana. Ofendido, Iván no pudo evitar responder porque ante todo era orgullo y esta niñita no lo iba a dejar con la palabra en la boca. No era ningún niño, era un adulto que para su pesar si estaba dejando que sus padres lo manipularan. Se acercó a Carmen y le susurro al oído : —Solo espera a que se acabe esta celebración, te mostraré como este niñito va arrancarte esa liga de novia como si fuera un dulce... — dejó caer un beso en el hombro d*********o de su esposa. Carmen se estremeció apartándose al instante con un jadeo. Riendo Iván, volvió a su puesto. Su intención había sido otra, pero al acercarse no pudo evitar hacerle ese comentario ni resistirse a tocar su piel expuesta. Sin darse cuenta se encontró imaginandose a Carmen y a él en su habitación. ¡Ya, reacciona! Iván, ella es el enemigo— se recordó una y otra vez durante el trayecto al salón de eventos. —
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