Con mis ojos en blanco ante sus palabras, me balanceé sobre ella hasta cubrir su boca. —¡No! ¡Kelly! —grité en reclamo. Zack por su parte, solo rió. —Ya quisiera ella. —soltó en un hilo de voz casi inaudible, pero lo suficiente para ser escuchado por mi. Giré hasta verlo. —¿Qué dijiste? ¿Yo? —reí inmediatamente. —Ya quisieras tú, Zack. —corregí. —No pasó, ni pasará nada entre nosotros, Kelly. Zack pasó la noche en mi casa, luego de volver del trabajo, su manilla estaba dañada, no abría. —expliqué. Ella entonces frunció su frente con confusión, señalando a Zack y luego mirándome de regreso. —¿Trabajo? ¿Están trabajando juntos? ¿¡Por qué yo no sabía nada!? —preguntó en reclamo. Crucé mis brazos en desacuerdo inmediatamente, recordando las razones exactas por las cuales Kelly no sab

