Minutos más tarde, cómo era de esperarse, el bar comenzó a llenarse de personas; muchas más de las que hubiese imaginado. Cada uno de ellos desviaban su mirada hacia mi, cosa que me hacía sentir realmente extraña, y otras veces, invadida. Para mí aquel sentimiento era completamente nuevo y aterrador, había pasado por desapercibida toda mi vida, y ahora, por la razón incorrecta, era el centro de atención de una cantidad absurda de hombres. Cuando las horas pasaron, traté de hacer mi trabajo lo más justo posible. Yendo a cosas puntuales y finalmente recibiendo el suéter de Tyler al sentir que no podía más con las miradas de acoso que solían llegar. Creía que luego de eso, las cosas se calmarían, pero como era de esperarse en un sitio como aquel, el alcohol comenzó a hacer de las suya

