Al oír las palabras de Emmy entendí finalmente su nobleza y la razón de aquella linda amistad que durante años Izan y ella habían mantenido, tenía un corazón dulce y noble, tanto como el de mi pequeña Tara, aquella misma que día tras día extrañaba un poco más. Lo que más lamentaba era el hecho de haberme ido sin explicación, sin despedida, sin palabras correctas; y ahora estaba aquí, planeando casarme con otra mujer, una mujer que no amaba y sin siquiera hacerle saber del todo mis razones. Ansiaba verla, pero en el fondo temía que de ser así, no tuviese el valor de casarme con Emmy, arruinando así el plan de libertad que Izan después de todo, tanto merecía. Así que solo me aferré a su recuerdo con la esperanza de verla y explicarle todo, hacerle entender que me casaba porque debía y

