El vuelo entero lo pasé pensando en ella, era inevitable no desviar mis deseos hacia alguien que hacía mi corazón latir con fuerzas y mi mundo entero detenerse. Había encontrado mi propio diamante en el rincón más inesperado del mundo, y era así como finalmente entendía el amor que inevitablemente sentía por Tara Davis. A mi lado uno de los hombres de mi padre me acompañaba, guardaba silencio y evitaba mi mirada a toda costa. No pude evitar preguntar, necesitaba saber de él. —Izan. —lo nombre rápidamente. —¿Lo sabe? ¿Está ahí? —cuestioné confuso. Él giró hasta verme, asintiendo repetidas veces en silencio. —Sabe que no puedo darle mucha información, señor. Me metería en problemas. —avisó. —Pero considero que es una lastima que haya pasado tanto tiempo fuera sin saber nada de su famil

