[Claris Romney] –Mi amada esposa. –El Sr. August se escuchaba serio–. Estamos aquí como todos los años visitándote todos juntos. –dijo y sentí una sombra sobre mí. –Toma, es para ti. –Joe me susurra sonriente. Él me quería entregar su paraguas, yo le negué con la cabeza. –Está bien, Joe –le susurré también–. En serio estoy bien, esto no es nada para mí. –¿Segura? –Yo asentí–. Está bien. Joe retrocedió, y yo girando la vista sonriente a su lindo detalle, veo como me fulmina Rhys. «¿Qué le pasa? ¿Por qué siempre esta así? ¿Quizás está esperando alguna explicación mía? ¿Debería aclararle la situación que vio ayer?», pienso y me muerdo el labio inferior de la angustia. Una vez que el jefe mayor terminó de dar unas palabras, los hermanos se iniciaron a acercar para dejar una rosa que c

