Alan Fox Cuando desperté de mi descanso, lo primero que encontré fue una pequeña nota en la mesita de noche. Al reconocer la letra de Victoria, no pude evitar sonreír. «Toma todas tus medicinas y pórtate bien :)» El simple mensaje hizo que mi corazón palpitara con una calidez inesperada. A pesar de que el dolor de cabeza aún persistía, en ese instante todo parecía valer la pena. El reloj marcaba las 6:30 de la tarde cuando decidí ir a verla a su habitación, pero Bety me informó que había salido. Me pareció curioso, pero no tenía razones para preocuparme. No era un carcelero y ella tenía todo el derecho de salir cuando quisiera. Lo importante era que no estaba sola. Al llamar al chofer, me confirmó que estaba bien, que se encontraba en una cafetería con una amiga. Aun así, una extraña

