Alan Fox Lo mejor de llegar a casa fue descubrir que Victoria ya había regresado de su visita a casa de su gran amigo, Charles. Aunque lo que realmente me desconcertó fue su petición de que le retirara la seguridad. Sabía que, tarde o temprano, intentaría negociar ese asunto conmigo, pero mi respuesta sería un rotundo no. Con esa determinación en mente, avancé con paso firme hacia el jardín, listo para dejar claro mi punto. Sin embargo, toda mi convicción flaqueó en el instante en que la vi. Victoria corría por el césped con el pequeño Lucifer, lanzándole una pelota mientras reía con una naturalidad que pocas veces le veía. La imagen me desarmó. Algo dentro de mí vibró, como si su alegría tuviera el poder de colarse entre mis barreras más sólidas. Sacudí la cabeza, recordándome que hab

