Una semana había transcurrido desde la muerte de Elizabeth, y William ni siquiera se molestó en asistir a su funeral, el muchacho no quería estar allí, no quería mostrarles a todos su vulnerabilidad, no podía aceptar que lo vieran en su forma más débil y frágil, y es que ahora se encontraba ahogado en un mar de sentimientos de tristeza, ira y dolor que lo quebraban con facilidad de tan solo pensar en ella. Estaba roto y sumido en sus emociones, esas que ya no podía controlar y es que ahora se encontraba inestable. Volvió a ser distante y reservado, parecía como si le hubieran hecho revivir la noche en que su madre y su hermano fueron asesinados. Estaba de luto y en su mirada se podía percibir tristeza. Esos penetrantes ojos intensamente azules se apreciaban apagados, sin el brillo que un

