Siete

1063 Palabras

Tras unos cuantos segundos en los que ninguno dijimos nada, él salió de allí en dos zancadas, dejándome expectante sobre si volvería o no. No sabía cómo interpretar su reacción, y su cara tampoco me había dicho nada. Pero, cuando bajaba las escaleras, vi a un hombre con un maletín en la mano hablando con William, y cuando los dos se dieron cuenta de que estaba allí, me miraron. —¿Ella es la paciente? —Preguntó el hombre no muy mayor señalándome. William asintió, aún con la expresión un tanto seria, y tragué saliva porque no sabía qué esperarme. ¿Por qué había llamado a un médico en cuanto se lo había dicho? ¿Se querría deshacer del bebé? El mero pensamiento me provocó náuseas. Esperaba que no fuera eso, o me iría yo de su casa sin que él me echara. Sabía de sobra que eran tiempos difícil

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