CAPÍTULO 2

1742 Palabras
Despierto algo desorientada y con un dolor increíble de cabeza. Me llevo las manos a la cabeza y me masajeo la frente. Me siento y observo donde estoy. No reconozco nada. Me froto los ojos e intento ubicarme. Estoy sobre una cama bastante grande con sábanas de tonos grises. La habitación parece de un hotel ya que hay maletas en la esquina de la habitación y no veo objetos personales.  Me duele bastante el labio por la bofetada que me dieron ayer. Me acaricio esa zona, pero solo tengo un corte. Recuerdos de la noche anterior me vienen a la cabeza. Bebí demasiado. Me destapo y veo que sigo con el vestido de ayer, pero la chaqueta y los tacones están encima de una silla.  Salgo de mis pensamientos cuando se abre una puerta y yo dirijo mi mirada en esa dirección. El chico que me salvo ayer, el chico de los ojos ámbar. Dios mío, solo lleva una toalla al rededor de su cintura, que deja a la vista sus abdominales cubiertos con bastantes tatuajes.  Tiene gotas de agua bajándole por ella. Y yo me lo estoy comiendo con la mirada. Casi se te cae la baba mirándolo. ¿Y tú quién eres ? Tu consciencia. Genial, ahora hablo yo sola. Me estoy volviendo loca, o la noche de ayer me afecto mucho.  -¿Que tal has dormido? -pregunta el dios griego entrando a la habitación-¿te duele mucho la cabeza?  Yo lo miro unos segundos sin responder, procesando donde estoy y con quien. Mi boca y mi cerebro parecen no conectarse.  -Bien, -balbuceo como puedo- la cabeza me bueno un poco. -me mira levantando una ceja- Vale, está bien, me está matando. Siento como si un circo de animales estuvieran dentro de mi cabeza. El ríe y me acerca un vaso de agua y una pastilla. Yo la acepto y le agradezco con una sonrisa. No se si hago bien aceptando todo esto de un completo extraño, pero fue el quién me salvo ayer. No creo que quiera hacerme algo malo. O eso espero.  -Voy a cambiarme ahora vengo. -me informa. Coge ropa de un pequeño armario y se da la vuelta para ir hacia el baño. j***r. Que espalda. Es ancha y puro músculo. Y hay es cuando caigo que no tengo idea de quién es, ni se como he llegado aquí. Fácil te trajo él cuando te salvo y tú te desmayaste. Maldita conciencia, pero tiene razón, no se donde estoy. Madre mía. ¿Como estarán Max, Blake y Lucinda?  El hombre, que le hecho yo unos veintitrés años, sale vestido con unos vaqueros rasgados en las rodillas negros, una camiseta estrecha negra con adornos blancos que hace que se le marquen los abdominales. Otra vez estoy babeando.  -¿Como te llamas? -pregunto yo. Se esta volviendo incómodo el ambiente.   -Luke. ¿Tu? -responde, su voz es grave y varonil, y sus ojos no se apartan de mí.  -Becky. -me presento- Quería darte las gracias por salvarme ayer.  -No es nada. -me muestra una pequeña sonrisa. Se cruza de brazos y se apoya en la pared. Durante unos segundos nuestras miradas no pierden contactos. Por un momento solo existen sus ojos en mi mundo. Siento una atracción hacia él, algo que me llama y me atrae. Es extraño.   -Vale, esto...yo...-balbuceo, intentando decir algo coherente, y fracasando en el intento- yo tengo que irme ya. -aunque me gustaría estar mirándolo todo el día- Gracias por salvarme. Me paso las manos por el pelo y me levanto de la cama. Escucho un rugido a unos pasos de mí, que vienen de él.  -Tu no te vas a ningún lado -¿que mierda le pasa a ese tío en la cabeza?  -¿Como que no? -digo extrañada-Luke, gracias por salvarme pero yo me tengo que ir ya. Veo como su mirada se tiñe de furia y algo parecido al dolor. Sus rasgos se tensan y se descruza de brazos. Me mira enfadado, y su mirada impone. Yo trago saliva duramente.  -Tú no te vas a ningún, tú eres MÍA, Becky. -y si no fuera por la amenaza que va antes de mi nombre, me habría derretido allí mismo. Dios mío. Me congelo en la posición que estoy. Entreabro la boca y parpadeo dos veces intentando aclararme la vista. Me temo lo peor. Eso lo dicen los hombres lobos cuando encuentran a sus mates. Mierda.  -¿Eres -trago saliva- eres un hombre lobo? Y lo único que quiero es que diga que no. Porque así significará que esta loco y puedo irme tranquilamente de aquí. Si es un hombre lobo, tendré más problemas. Muchos más.  -Exactamente, y tú eres mi mate. No te vas a ir a ningún lado. Eres mía.  Ahora soy yo la que se enfada. Yo soy propiedad de nadie, y menos de él, que es un completo extraño para mí, y yo para él.  -No soy un mueble como para que me digas que soy tuya, c*****o. -le contesto enfadada.  -No eres un mueble pero eso no quiere decir que no eres mía. Eres mía.  Sus ojos son de color esmeralda, preciosos y llamativos, se están volviendo como los recuerdo ayer, ámbar, se está enfadando y se bien que eso es malo. Se dirige hacia mi, yo escaneo rápidamente la habitación en busca de algo que pueda servir para defenderme. No hay mucho, tampoco esperaba un arma por aquí cerca. Alcanzo una lampara pequeña, de encima de la mesa que hay al lado mía. No lo pienso mucho y se la tiro, con toda la fuerza que puedo, dándole en la cabeza  y quedando él aturdido. Salgo corriendo lo más rápido que lo consigo. Agarro los tacones, la chaqueta y el bolso de la mesa. Miro un segundo al chico, sigue un poco aturdido pero no tardará en reaccionar.  Salgo corriendo por la puerta. Muevo una planta para que le sea más difícil salir, ya que la puerta desde dentro se abre hacia fuera. Corro toda una planta del hotel y hasta llegar a la recepción de la cuarta planta. Hay un ascensor pero no me da tiempo a esperar que venga y montarme en él, así que decido bajar por las escaleras. Oigo que alguien viene detrás mía y miro. Es él. Aceleró aún más el paso. Luke viene corriendo hacia mi. Pero no voy a dejar que me atrape. Llego a la segunda planta y me meto en un pasillo escondido. Abro una puerta y me meto en la habitación, que resulta que es la cocina. Veo que no hay casi nadie allí, solo tres cocineros. Yo corro sin parar, esquivando objetos todo el tiempo. Hay fruteros en todas partes y Luke ya me está pisando los talones. Cojo uno de los fruteros con un brazo y con la mano agarro fruta y la tiro para atrás. Él tiene que bajar el ritmo, para poder esquivar las naranjas, peras, manzanas y ciruelas que le lanzó. Espero darle con alguna. Giro mi cuerpo y alcanzo una naranja bastante grande, y se la tiro, dándole en el pecho. Él se encoge un momento del dolor, pero no para, y sigue corriendo hacia mi. Tengo que salir de aquí. Le tiro una manzana y sin querer le doy ahí. Él para y pone las dos manos en su entrepierna. Su cara esta teñida de dolor, y me siento un poco, solo un poco, culpable. Paro de tirarle fruta pero aceleró el paso.  -Lo siento.-gritó mientras salgo de la cocina.  Él me mira pero sigue agarrando su entrepierna. Eso le tiene que doler horrores. Recorro la segunda planta y la primera también corriendo. Muchos de los empleados me ha mirado bastante extraño, pero los he ignorado completamente. Lo único que quiero es salir de aquí. Salgo por la puerta principal, con la chaqueta y los zapatos ya puestos, intentando peinar mi desastre pelo con los dedos.  Hay mucha gente con maletas. Veo un taxi y lo llamo. Me monto y le digo la dirección de la discoteca de ayer. Tarda poco tiempo en llegar, no estábamos lejos. Le pago con el poco dinero que me sobro ayer y salgo del taxi. Del bolso sacó las llaves de la moto, que por suerte está en el mismo sitio donde la dejé ayer, e intacta. Me monto en la moto y salgo directa a casa. Huelo a alcohol, y tengo que tener el maquillaje corrido por toda mi cara. Después de una noche así, que podría esperarse. Cuando llego a mi casa mis tíos, ellos ya se han ido a caminar. Subo a mi habitación y me doy una buena ducha. Me pongo un pijama y dejo mi pelo casi blanco suelto para que se seque. Y llamo a Lucinda. Contesta al tercer tono.  -¿Becky?-pregunta preocupada, tengo al menos cinco llamadas perdidas.  -La misma. -digo sentándome en la cama.  -Por dios Becky nos tenías muy preocupados, desapareciste y no sabíamos nada de ti.  Le cuento todo exceptuando que Luke es un hombre lobo, y yo, por suerte o por desgracia, soy su mate.   -j***r tía, ojalá un tío bueno también me salvara a mi. Yo suelto una carcajada y ella me acompaña. Yo se lo cambiaría encantada. Ella no sabe lo que significa tener un mate, se supone que es mi pareja eterna, que estamos destinados a estar juntos, pase lo que pase. -¿Quedamos con Blake y May para ir mañana al cine? -dice un rato más tarde, cambiando de tema.  -Vale, díselo tú, voy a dormir un rato que me duele como mil demonios la cabeza.  -respondo yo. -Vale, adiós, descansa.  -Adiós, te quiero. -digo. Cuelgo y me acuesto en la cama. Termino de leer el libro que estaba leyendo ayer, solo me quedaban dos capítulos y duermo un rato. Cuando me levanto hago el mismo entrenamiento que ayer.  Estoy apuntada a kung fu y hoy tengo clase. Me siento estúpida por no haberme defendido ayer yo sola, pero iba tan borracha que casi no podía mantenerme de píe. Me cambio, poniéndome la ropa adecuada y cojo mi móvil  junto con algo de dinero antes de salir de casa. Me dirijo en moto a las clases. Aparco en la puerta y allí está Tobías, mi entrenador. Es un hombre de unos treinta y cinco años que lleva enseñándome kung fu desde los doce años. Le tengo mucho cariño y aprecio. Empezamos con la clase y a la hora y media termino. Me despido de él y salgo. Me monto en mi monto y arranco en dirección a casa, estoy deseando darme una ducha.  Paro en un semáforo en rojo y miro el conductor que está conduciendo un BMV n***o. No puede ser. Es él. Luke. j***r. Nuestras miradas se conectan durante unos segundos y a él le sale una sonrisa traviesa. Estoy en problemas. El semáforo cambia a verde y yo salgo disparada.
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