Quiero a mamá y papá

3499 Palabras
Miércoles por la mañana, Jerry quien juró casi por su vida qué no permitiría qué Isen adopte a Jayden y Charlie, conducía a una velocidad por fuera de los límites, esquivando y pasando autos por dónde encontrara oportunidad. El auto de Jerry olía mayormente a tabaco y cerveza, no era un auto último modelo, pero tampoco era tan viejo, sin embargo, tiene la apariencia de ser viejo ya que Jerry lo descuidó, tiene tantas capas de polvo por encima del color n***o que podrías pasar un dedo por encima y se quedaría una bola desagradable en la punta de tu dedo además que en una de sus tantas borracheras se pasó un semáforo en rojo que otro auto terminó impactado del lado de la puerta del copiloto. Jerry siguió conduciendo hasta llegar a la escuela de Jayden y Charlie, aparcó mal, frente a la escuela, bajo del auto y entró cruzando las canchas de futbol llegando a la dirección, entró y pidió hablar con la directora que enseguida lo atendió ya que se presentó como el padre de Jayden y Charlie, esta pensó que se trataba de Isen Ares. La directora estaba de pie del otro lado de su escritorio cuando entró Jerry. — Buenos días. — saludó Jerry estirando su mano hacía la directora. La directora viéndolo extrañada acepto su saludo. — Buen día, ¿Señor? — estrechando su mano. — Jerry Mackenzie, el padre de Jayden y Charlie. — se presentó amablemente. — Un placer conocerlo señor Mackenzie, tome asiento — señaló el pequeño sillón detrás de Jerry. Ambos tomaron asiento. — ¿En qué le puedo ayudar? — — Surgió una emergencia con Elizabeth e Isen y me pidieron que recogiera a los niños y los llevara a casa — explicó. — De acuerdo, sin embargo, tengo que hablar con sus tutores antes de permitir que se los lleve usted, supongo que también se llevará a Terry. — tomó el teléfono que se encuentra frente a ella, pero rápidamente Jerry evitó que alzará el teléfono. — Oh no, Terry se queda, su abuela vendrá más tarde por él, y sobre hablar con Elizabeth o Isen, en este momento están atendiendo un asunto importante, hablé con ella hace un rato, se escuchaba atareada y ocupada, será mejor que no la molestemos ¿No cree? — sonrió amablemente. La directora se quedó callada retirando su mano del teléfono pensando en que era lo mejor que se podía hacer. Después de unos minutos de silencio, la directora por fin habló. — Se podrá llevar a los niños, sin embargo, deberá dejar una dirección y teléfono en donde podamos contactarlo en caso emergencia. — explicó pasándole a Jerry una hoja de papel y un lapicero. — Claro, claro — afirmó escribiendo la dirección y teléfono. — De acuerdo, haré los niños vengan aquí. — La directora hizo que su secretaria fuera por Jayden y Charlie quienes un par de minutos después se encontraban afuera esperando. — Un placer conocerla, muchas gracias por su ayuda. — se despidió Jerry amablemente y salió al encuentro. Jayden quien estaba con Charlie sentados en un pequeño sofá alzó la mirada al escuchar como una puerta se abría, vio salir a su padre y sonrió ampliamente, tenía mucho tiempo sin verlo. — ¡Papá! — gritó Jayden contenta levantándose de su asiento y corriendo hacia él, intentándolo abrazar Jerry solo puso una mano sobre su espalda dando una palmadita y la separó de él. — Vámonos. — habló Jerry tomando a Jayden de la mano, cargo a Charlie quién era ajeno a la situación, ya que era demasiado pequeño cuando sus padres se separaron, pero Jayden estaba con él así que el estaría bien. Jerry salió de la escuela, subió a Charlie y Jayden en el asiento trasero, rodeó el auto, entró a él y empezó a conducir. A los pocos minutos Jayden empezó a preguntar a donde iban, tenía tiempo sin ver a su padre y se preguntaba si su madre había dejado que papá pasará por ellos. — ¿A dónde vamos, papá? — preguntó Jayden. — Iremos a casa. — Jerry giró en una intersección entrando a la autopista. — Por aquí no es el camino a casa, es hacía el otro lado — Jayden empezó a asustarse ya que Jerry iba conduciendo a alta velocidad. — No regresarán a esa casa nunca más. — — Papá me estas asustando, conduce más lento. — suplicó Jayden. — ¡Cállate y siéntate bien! — gritó Jerry viéndola a Jayden por el retrovisor. Jayden se asustó, se emocionó tanto por volver a ver a su padre que había olvidado como era él. Cuando Jayden tenía 4 años y Charlie 1 año, vivían con Jerry, su padre quien había perdido su trabajo hace no mucho, Jerry por la presión de mantener a dos hijos y a su entonces esposa Elizabeth quién no trabajaba ya que, a Jerry le parecía innecesario, durante meses buscó trabajo, fue a varias entrevistas, sin embargo, en ninguno le volvían a hablar. Jerry cada que regresaba a casa comenzaba a beber y a fumar. Charlie quien era apenas un bebé lloraba, sentado en su sillita para comer, sus gritos se escuchaban por toda la casa. Jayden trataba de distraerlo con un par de juguetes mientras su mamá preparaba su biberón. — Mira Charlie — Jayden se encontraba encima de una silla de rodillas moviendo una sonaja de osito azul frente a Charlie. Charlie mantenía los ojos apretados y seguía llorando, moviendo sus brazos de un lado a otro y empujando cualquier juguete que Jayden le ponía en frente. Elizabeth calentó rápidamente el biberón de Charlie, echándole las últimas cucharadas de leche para bebe. Jerry quien se encontraba durmiendo en el sillón del sofá se despertó por los gritos de Charlie. — ¡Calla a ese niño! — gritó molesto tallándose los ojos con el dorso de la mano tratando de volver a dormirse. Elizabeth tomó rápidamente a Charlie y trató de darle el biberón, Charlie seguía pataleando y empujando el biberón. Jerry quien estaba ebrio y enojado, se levantó y caminó tambaleándose a la cocina. — ¡Te dije que callaras a ese niño! — gritó entrando a la cocina. Elizabeth teniendo a Charlie en brazos quien ya estaba comiendo y guardaba silencio se puso del otro la de la mesa alejándose de Jerry. — Ya está en silencio, vuelve a la sala por favor — su voz salió temblorosa, llena de miedo e hizo un ademán a Jayden para que se acercara a ella. Jayden bajo de la silla y cuando iba a acercarse a su mamá Jerry la agarró del hombro y la jalo a su lado. — ¡¿Tu qué haces aquí?! Te dije que te mantuvieras en tu habitación — Jerry enojado con Jayden por desobedecerlo la golpeó en la mejilla haciendo que callera hacia atrás. Jayden comenzó a llorar llevándose ambas manos a su cara. Elizabeth al ver como Jerry golpeó a Jayden se acercó rápidamente a Jerry. — ¡Deja a Jayden, Jerry! — lo empujó haciendo que Jerry se tambaleara hacia atrás por lo ebrio que estaba. Elizabeth aprovecho esos poco segundos levantando a Jayden, salió de la cocina rumbo a la habitación para encerrarse dentro de ella. Jerry quien había recuperado el equilibro fue tras ellos alcanzando a Elizabeth, la tomó del cabello y jaló de ella hacia atrás haciendo que su cuerpo azotara contra el piso, Charlie quien estaba en los brazos Elizabeth empezó a llorar con el biberón en el suelo con su contenido desparramado, Jayden quien cayó al lado de su madre lloraba suplicando a su padre. — ¡Papá! ¡Deja a mamá! — soltaba entre llantos. — ¡Cállate, Jayden! — Jerry se acercaba de nuevo a Jayden con la intención de golpearla de nuevo. Elizabeth al ver sus intenciones como pudo se arrastró y detuvo a Jerry por la pierna con una mano. — ¡Deja que los niños se vayan a su cuarto! ¡Deja que Jayden se lleve a Charlie! — suplicó Elizabeth de rodillas a su esposo con Charlie aún entre sus brazos. Jerry arrebató a Charlie de los brazos de Elizabeth, tomó a Jayden de un brazo obligándola a levantarse y camino hacia la puerta principal de la casa, sacó a Jayden y le dio a Charlie para que lo cargara. — ¡No entraran hasta que ambos se callen! — cerró la puerta dejando a Jayden y Charlie afuera de la casa. — ¡Papá déjanos entrar! ¡Ya me portare bien! — lloraba Jayden desde el otro lado de la puerta. Un par de vecinos alarmados por los gritos tanto de Elizabeth como de los niños salieron a ver que sucedía, Gladis la vecina y amiga de Elizabeth encontró a Jayden con Charlie en brazos apenas sosteniéndolo. — Cariño, ¿Qué sucedió? — se acercó a Jayden cargando a Charlie y tomando a Jayden de la mano para llevarlos a su casa. Antes de dar la vuelta puedo escuchar los gritos de Elizabeth rogando a Jerry que no le pegará más. Después de que Jerry sacara a ambos niños regresó con Elizabeth, quien apenas se había podido levantar del suelo tras la caída, le costó más trabajo de lo normal ya que aún tenía golpes que no sanaban de la vez que Jerry la golpeo por no tener cerveza en la nevera. — ¡Tu maldita puta! — tomó a Elizabeth del brazo aventándola hacia un sillón haciendo que su estómago golpeara con la orilla y le sacara el aire. — ¡No sirves para nada! ¡Ni siquiera puedes mantener a tus hijos en silencio mientras trato de dormir! — le gritaba, tomó a Elizabeth del cabello jalándolo para levantar su cabeza, Elizabeth tenía sus ojos llenos de miedo y lágrimas. Jerry aventó a Elizabeth contra el suelo nueva mente, se posiciono sobre ella y comenzó a golpearla su cara con los puños, una y otra vez, Elizabeth se removía debajo de él tratando de evitar los golpes cubriéndose con los antebrazos su cara y gritando que la dejara. — ¡Basta Jerry! ¡Para! ¡Me lastimas! — suplicaba entre llantos y lágrimas. Jerry siguió golpeándola hasta que la policía llegó, Gladis la amiga de Elizabeth había llamado a la policía minutos después de poner a Jayden y Charlie a salvo. La policía entró a la casa encontrando a Elizabeth en el suelo, parecía no respirar, su cuerpo y cara, hincados lleno de sangre y moretones que ya se empezaban a apreciar, auxiliaron a Elizabeth llamando a los paramédicos mientras buscaban a Jerry por la casa. La policía subió al segundo piso después de revisar el primer piso, revisaron habitación por habitación hasta llegar a la del fondo en donde se encontraba Jerry sentado en la cama, encorvado y cubriendo su cabeza con las manos ensangrentadas. La policía lo arrestó en ese momento, y lo llevó detenido, mientras a Elizabeth la atendían en el hospital Gladis llevó a los niños con su madre e inmediatamente alcanzó a Elizabeth en el hospital. Un par de horas después Elizabeth despertó en una habitación de hospital, Gladis estaba a su lado izquierdo sentada en una silla. Cuando Gladis se percató de que Elizabeth se encontraba despierta, se levantó rápidamente y tomó su mano con fuerza. — Oh, cariño, por fin despiertas, me tenías preocupada. — Gladis tenía los ojos llenos de lágrimas, lamentaba la situación tan horrible que vivieron Elizabeth y los niños. Elizabeth al ver a su amiga a su lado se soltó a llorar, Gladis la abrazo inmediatamente y lloro con ella El diagnostico de Elizabeth no era muy alentador, tenía fracturas en el rostro, el brazo izquierdo roto, dos costillas rotas, tenía collarín y ni hablar de los hematomas en todo su cuerpo. Un par de minutos después Elizabeth se encontraba mas calmada, Gladis tomo asiento de nuevo a su lado y le pasó un par de pañuelos para que se limpiara las lágrimas. — ¿Dónde están mis pequeños? — — Descuida, están con mi mamá, le hablaré al doctor para que venga a revisarte — se levantó — ¿quieres un poco de agua? — preguntó sirviendo un poco de la jarra sobre la cómoda. — Sí, gracias. — Gladis le pasó el vaso y salió de la habitación. Un par de minutos después regresó con el médico a cargo. — Buenas tardes, señora Byrne, soy el doctor Baker ¿tiene alguna molestia? — preguntó amablemente acercándose y tomando su linterna médica, — siga la luz por favor — colocó la luz frente a su ojo izquierdo moviéndolo un par de veces y repitiendo el proceso en el otro. Tocó sus mejillas y mandíbula revisando que las fracturas estén en su lugar para que sanen. — Bien, no tiene contusión en la cabeza, tomaré su presión — explicó colocando el tensiómetro en su brazo derecho con cuidado ya que tenía moretones en todo el brazo. — ¿Cuándo podré irme? Tengo que ir con mis hijos — preguntó Elizabeth. El doctor terminó su revisión e hizo anotaciones. — No te preocupes por los niños, ellos están bien, primero recupérate — comentó Gladis. — Bueno, eso no será pronto, tiene un par de costillas rotas, su brazo izquierdo roto, un esguince en el tobillo izquierdo y la mejilla izquierda con una fractura superficial — guardo silencio un momento revisando el expediente — se quedará en observación por lo menos una semana más, ya que las facturas de sus costillas nos preocupan que no sanen debidamente — terminó sus anotaciones — si eso es todo me retiro, en un momento pasará un oficial de policía, si quiere hacer la denuncia, el hospital la apoya completamente y entregará lo necesario para ayudarla. Elizabeth al escuchar las palabras del doctor volvió a llorar, el doctor Baker sintió empatía y se acercó y la abrazó unos segundos, no era la primera mujer que trataba por violencia doméstica, afortunadamente ella sigue con vida, no todas corren con la misma suerte — no está sola — se separó de ella y salió de la habitación. Gladis se acercó a ella con un par de pañuelos — ¿Qué vas a hacer Eli? — preguntó preocupada. — Si lo demando los niños se quedarán sin padre — habló limpiando sus lágrimas. — Pero si no lo haces esto puede volver a suceder — tomó asiento en la silla — no es la primera vez que terminas en el hospital. — Lo sé, pero ¿Cómo voy a mantener a los niños? No tengo trabajo, si nos salimos de casa a donde iré. — — Eli de por sí ya mantienes a los niños, el inútil de Jerry ya no lo hacía, y por donde quedarte, no te preocupes puedes quedarte conmigo... — — O conmigo hija mía — a la habitación entro doña Clara, madre de Elizabeth. — Mamá, ¿Qué haces aquí? — Elizabeth lloró al ver a su madre, no fueron lágrimas de felicidad, más bien eran lágrimas de tristeza, tristeza que sentía al ver que su madre la veía en ese estado tan deplorable. — ¿Cómo que qué hago aquí? Cariño — su madre se acercó a ella abrazándola sin lastimarla, besó su cabeza tratando de transmitir todo el amor que en esos momentos sentía. — Oh cariño, mira cómo te ha dejado el infeliz — doña Clara acarició su cabeza, miro a Gladis y se acercó a abrazarla — gracias por avisarme — beso su mejilla. — Bien cariño, iré por tus cosas y la de los niños a tu casa y las llevaré a casa — — ¿Qué? No mamá, tu, papá y mis tíos apenas si caben en casa — — Nada de peros cariño, ya nos acomodaremos por eso no te preocupes — le dijo sonriendo. Elizabeth sonrió no muy convencida. Tocaron la puerta de la habitación y entraron dos oficiales de policía. — Buenas tardes, somos los oficiales Howland y Morrison de la unidad de crímenes violentos, queremos su declaración de los hechos y saber si levantará cargos en contra de Jerry Mackenzie. — — Yo... — Elizabeth guardo silencio. — Cariño debes hacerlo, no sabemos de lo que Jerry sea capaz de hacer. — — Si lo hago, ¿Qué pasará conmigo y los niños? — — ¿Quiere saber que pasara si no lo hace? — habló el oficial Howland — lo más probable es que regresen a casa, el siga tomando y su violencia escale a tal grado de asesinarla a usted y a sus hijos. — respondió su propia pregunta fríamente. La madre de Elizabeth no podía creer lo que escuchaba de aquel policía, ¿no se supone que los oficiales deben ser empáticos? Elizabeth es la víctima y no hacen más que aterrorizarla. — ¡¿Quién se cree usted para decirle eso a mi hija?! — gritó doña Clara. — Lo que le dijo el oficial Howland es cierto señora, tratamos con casos así todos los días — habló el oficial Morrison — sabemos que la próxima vez no le importará si tiene a uno de sus hijos en brazos y arremeterá contra usted, inclusive puede que vaya contra los niños. Elizabeth abrió los ojos lo más que pudo sorprendida, los oficiales describieron exactamente lo que había sucedido, un par de lagrimas se deslizaron por sus mejillas, se la había pasado llorando que ya no quedaban más. El pensar que sus pequeños fueron lastimados por su propio padre la armo de valentía y tomó una decisión. — Lo haré, levantaré cargos, pero no quiero Jayden tenga que declarar— — Bien, cuéntenos que sucedió —. Elizabeth contó todo lo que había sucedido, inclusive desde hace meses Jerry ya la maltrataba. Un par de semanas después Elizabeth fue dada de alta, y llamada a la corte de lo familiar, en donde Jerry fue sentenciado a dos años de libertad condicional y no podía visitar a los niños sin la supervisión de un adulto. Elizabeth regreso a vivir con sus padres, se firmó el divorcio en enero de 2004, consiguió empleo en una empresa de renombre y después de un par de meses conoció a Isen con quien contrajo matrimonio en abril del siguiente año. El final de su infierno fue ese, sin embargo, tanto Isen como Elizabeth estaban a punto de vivir otro tipo de infierno, provocado por Jerry. Jerry conducía a toda velocidad por la autopista, Jayden le había puesto el cinturón de seguridad a Charlie y se había puesto el suyo. Sus mochilas se encontraban tiradas en el suelo, Jayden al verla recordó que Elizabeth les había dado un teléfono en caso de emergencia desde que Charlie se perdió, Jayden se quitó el cinturón y bajo del asiento sentándose bajo el. — Jayden, regresa al asiento — ordenó Jerry viéndola por el retrovisor. Jayden no hizo caso, busco el teléfono dentro de la mochila mientras seguía sollozando. — ¡Jayden siéntate — gritó Jerry enojado, asustando más a Charlie que nuevamente comenzó a llorar. — ¡Jay quiero a mami y a papi! — gritó llorando. Jayden sacó el teléfono y lo prendió esperando que Jerry no se diera cuenta. Jerry miro por el retrovisor lo que parecía un celular en las manos de Jayden, estiro el brazo por detrás del asiento intentado quitárselo. — ¡Dame eso Jayden! — Jayden se resistió encogiéndose mas en su asiento, Jerry se desesperó y aparco unos segundos al lado de la carretera, bajo del auto, mientras Jayden intentaba encontrar la aplicación que le había dicho Isen que buscara cuando estuvieran en problemas. Jerry llegó a la puerta trasera y la abrió enojado encontrado a Jayden con un celular en las manos, se agachó y se lo arrebató lanzándolo fuera del coche. — ¡Siéntate ya! — Jerry la alzo bruscamente del suelo y la empujó contra el asiento, le coloco el cinturón y salió del asiento trasero azotando la puerta, volvió a entrar en el asiento del piloto y condujo durante 4 horas más llegando a un camino fuera de la ciudad. La mañana del miércoles, la audiencia por la adopción de Jayden y Charlie se había llevado a cabo, la sentencia fue definitiva, Jerry había perdido la custodia ya que no pasaba pensión alimenticia y no se preocupada por ellos, él había contrarrestado esa declaración diciendo que no le dejaban ver a los niños, sin embargo, Thomas, abogado y amigo de la familia sacó el caso de violencia familiar y la sentencia de esa vez. La jueza por más que permitió a Jerry defenderse no había justificación alguna por su comportamiento y desinterés en sus hijos, el dictamen final; "El señor Jerry Mackenzie pierde la custodia total de Jayden y Charlie Mackenzie, siendo así que Isen Ares puede proceder con la adopción de los mismo". Jerry salió furioso de la corte, subió al auto y se fue.
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