XXVII

1773 Palabras

Era la competencia que por primera vez era en casa, en Pensilvania. Elizabeth estaba tan confiada, segura de su equipo, del talento y de su esfuerzo. Llegó y fue recibida con aprecio por sus colegas y los estudiantes de otras escuelas que los preveían como ganadores. Aunque cuando cruzó la mirada con Alice se le revolvió el estómago, intentó ignorarla, no quería que esa mujer le arruinara el día, pero el semblante satisfecho, burlón y sarcástico de la mujer estaba derribándola.   Volvieron a sentarse en los asientos del teatro California, estaba repleto. Elizabeth reconocía a los jueces, eran viejos amigos y colegas, éticos, profesionales. Cuando Lila salió a escena fue espectacular, bailó con pasión y talento, la música era perfecta, fue asombrosa. Elizabeth no cabía de orgullo. Ónix

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