Benjamin —Sé que a Eir no le gusta que entren a su habitación sin permiso, pero esto no puede esperar —Le dije a Holmes, quien estaba a mi lado. Luego introduje la llave en la cerradura, para abrirla. —¿Estás seguro, Benjamin? —preguntó él—. Podríamos esperar a la mañana. Eir debe llegar dentro de poco. Pero yo negué con la cabeza. —No puedo darme el lujo de esperar más tiempo, Holmes —respondí—. Astlyr estuvo a punto de tener una crisis antes de que tú llegaras. Con eso, logré que el castaño frunciera el ceño. —Algo así no es fácil de evitar —dijo—. ¿Cómo lograste que no se convirtiera? Entreabrí los labios, pero, por un momento, no dije nada. Después me encogí de hombros. —La distraje —resumí. Holmes entornó los párpados. —¿Cómo? —No creo que eso sea importante ahora —evadí l

