Benjamin Después de salir de la habitación de Astlyr, me dirigí a la mía. Mi cabeza daba vueltas. Lo que acababa de pasar entre nosotros fue... Dios, ni siquiera tenía una palabra para describirlo. El suave contacto de su lengua quedó plasmado en mi piel y mis manos ardían por las veces en las que acaricié la suya. Fue como tener en mis manos un pedazo del paraíso. Pero yo no quería solo un fragmento. Yo la quería a ella completamente, en cuerpo y alma. Sin embargo, esperaría. Astlyr no negó lo que sentía por mí y en nuestros encuentros, me quedó más que claro que yo no era el único al que lo estaban matando las ganas de estar juntos. Pero sabía que lo más probable era que esta vez ella solo se hubiese dejado llevar por su lado más pasional y que aún teníamos mucho que decirnos. No asu

