Narra Marisela Damián y yo nos encontrábamos en las playas de Cancún, todo ha salido como lo habíamos planeado, en una linda cabaña cerca de la playa para tener mas privacidad en nuestra luna de miel. Abro los ojos y se encuentra frente a mí aun con sus ojos cerrados y respirando con tranquilidad. Acaricio su mejilla y en seguida aparece una hermosa sonrisa en su perfecto rostro. —Buenos días, amor. —Abre sus ojos sin borrar esa linda sonrisa. —Buenos días, cielo. — No he dejado de acariciarlo. —¿Sabes algo? —Me pregunta y niego con la cabeza. —Dime. —Le presto atención. —No me he imaginado una vida sin ti y nuestro hijo, desde que nos conocimos he sentido que serías la mujer de mi vida. —Siempre pensamos igual y eso me agrada y mucho. —Mi cielo, yo también lo había pensado tiemp

