Narra Damián
De regreso a la empresa, agradezco que mi padre no me haya preguntado nada con respecto a lo sucedido en la reunión, aunque conociéndolo, sé que se lo debió de imaginar. No lo culparía si me recrimina, pero no lo hizo.
Me gustaría hablar con él en verdad, ya que pasó por lo mismo con su esposa y mi mejor amiga y hermana “no de sangr3”. Pero ellos tienes sus problemas en la empresa o en su casa como para cargarles más con los míos.
Me recuesto en mi cama y cierro los ojos, aun recordando sus besos, sus caricias y lo loco que me pone a su tacto.
—¡Maldición!
¿Por qué lo hice? Cuando es claro que ella ya está con alguien más.
Ella nunca me amó, no sé si es igual o peor que Mercedes. No, es mucho peor, ella me dejó plantado en plena ceremonia, en cuanto esa mujer apareció, Marisela se fue sin más.
—¡Claro! Ya la estaba esperando su amante.
—¡Aaah! ¡La odio!
Odio mi vida ¿Qué hice para merecerme todo lo malo que me está pasando? Nunca he sido un mujeriego, siempre fui fiel. Pero pareciera que el universo siempre conspira en mi contra.
…
—¿Estás seguro de irte a otro país? —Mi padre e Hilda están sorprendidos por mi decisión. Y no hay vuelta atrás.
—Muy seguro. —Sé que entiendes mis razones.
—Sabemos que has sufrido mucho desde hace tiempo, pero ¿Irte? ¿Qué pasará con tu puesto? —Hilda se ve muy triste y puedo entenderla.
—Tú eres la indicada para ello. —Le digo con sinceridad y ambos se sorprenden.
—¡¿Qué?! ¿yo? No ¿Cómo crees? —Sé que lo es.
—Lo eres, y lo sabes. Además… —Suspiro antes de continuar. —Extraño mucho a mi madre y ella a mí, así que es momento de regresar. —Y en parte no es mentira.
Me despido y salgo de su oficina, no quiero hacer esto más difícil para nadie, de por si ya lo es para mí.
—Espera. —Hilda me detiene y me giro para verla.
—Dime. —Le presto atención.
—No te vayas, no cometas los mismos errores que yo cometí con Daniel. Sé que estas decepcionado por todo lo que te ha estado pasando, pero y si ¿todo es una equivocación y ella si te ama? —Sé que me quiere dar ánimos, pero es lo me menos quiero.
—No lo es y ella nunca me amó. Cree que tengo algo con la madre de mi hijo y no es así, en cambio ella, ja, nunca lo hizo, porque de haber sido lo contrario, no me habría dejado en plena boda. —Sólo de pensarlo me hierve la sangre de coraje.
—Ella estaba asustada y confundida y tal vez quería que todo eso se aclarara. —Sé que me quiere y quiere mi felicidad, pero eso ya no es para mí.
—Aun así. Además, le di su espacio como me lo habia pedido, y aun así tomó la decisión de irse de mi lado. Y discúlpame, que necesito revisar unos documentos y dejar todo en orden para irme tranquilo. —La miro y no pudo evitar llorar. Saco un pañuelo y se lo doy, sin embargo, ella se lanza a mis brazos y me siento mal por eso.
—No llores, pequeña, vendré para vacaciones. —Creo que no le gustó porque llora aún más. Miro al frente y ahí está mi padre mirándome con tristeza.
Sé que van a extrañar como yo ellos, pero ya tomé mi decisión final.
…
Terminé antes de lo esperado y le entregué todo a Hilda y me vine al departamento a guardar sólo mi ropa, no tengo cosas de valor aquí. Además, me traen tristes recuerdos. Solía compartir este espacio con ella.
Tomo un descanso y cuando estaba por cenar, tocan el timbre. ¿Quién podrá ser?
Abro la puerta y es esa mujer y, que, además, viene sola.
—¿Qué haces aquí? ¿y Josh? —Miro detrás de ella y efectivamente está sola.
—Lo dejé con la niñera y quería venir a verte… —Se para en medio de la sala de estar y mira a su alrededor.
—¿Te vas a mudar? De seguro compraste una casa para criar a nuestro hijo. ¿verdad? —Dice con ilusión y yo niego.
—No, me iré al extranjero. —Le digo con seriedad y veo como le afecta. Para lo que me importa, ella es la causante de mis desgracias. Nunca debió aparecer.
—Pero vas a regresar. ¿cierto? Digo, Josh te va a extrañar mucho y le va a doler que te vas. —¿En serio? ¿poner a un pequeño de escusa?
—Descuida, así este lejos no me desatenderé de él. —Y eso es verdad, es sólo un inocente es toda esta m****a.
—No, tú nos puedes abandonar. De seguro te iras con esa zorra. —¿Es en serio?
—No te atrevas a llamarla de esa manera, ¿quieres? —Le digo y me mira sorprendida, pero recupera la postura.
—Ella te dejó por alguien más. O ¿ya lo olvidaste? —Me mira con rabia.
—No es de tu incumbencia. Ese es sólo mi problema. —Sin duda alguna. Pero parece no entenderlo.
—¡Si lo es! Porque yo te amo y jamás dejé de hacerlo, sé que cometí el gran error de proteger a esa loca, pero lo hice con buenas intenciones. —Tiene que ser una broma.
—¿Buenas intenciones? ¿en serio? —No le creo nada.
—Si, sabía que siempre le quiso hacer daño a Hilda, y yo lo evité. —Lo que me faltaba.
—¡Por tu culpa Hilda casi m0ri4! ¿Por qué? Porque no denunciaste a esa mujer, y sabes que perdió a su primer bebito. —Parece meditarlo y veo que salen lágrimas de sus ojos. Esos que guardan muchos secretos.
—Y me arrepiento de ello. Ella me perdonó. ¿Por qué tú no? —No habla en serio.
—Damián, te pido una oportunidad de demostrarte lo mucho que te amo y que he cambiado mucho desde aquel día. Yo sacrifiqué mi propia vida por tu padre y mi amiga, y si sigo con vida es por algo, y sé que es por ti. Cásate conmigo y seamos felices, como debió ser desde el principio. —Pero ¡Bueno! Está mujer ha perdido la razón.
—Jamás me casaría contigo. Te amé y vaya que lo hice, pero tú te encargaste de destruir ese amor, y gracias a ello, conocí a mi verdadero amor. —Me mira sin poder creer lo que le acabo de decir y cae al suelo con la mirada perdida.
Ella ya no es mas parte de mi vida, mi hijo si, pero no significa que estaré con esta mentirosa.