◦✧◦ENTRE LAS SOMBRAS◦✧◦

2655 Palabras
—Cuando llegue a casa, ganaré mi propio dinero —Madison le había comentado a su abuela y su madre mientras almorzaban viendo el hermoso mar del mediterráneo. Era su primera vez en una de las playas más hermosas del mundo, el cielo estaba despejado. Puesto que era una tarde cálida de verano, el sol brillaba intensamente sobre las aguas tranquilas. Le encantaba esa estación del año, porque era la única manera en que podía tener a su madre y su abuela para ella sola, al menos por unas semanas. Aunque vivían en el mismo lugar, Katherine y Margot Bennett siempre estaban trabajando. Pero esas vacaciones estaba completamente a su disposición, puesto que eran las primeras de más de una semana. Quizá por eso quedó grabada para siempre en su memoria. Madison tenía dieciséis años, había pasado de grado con buenas calificaciones. Pero luego de que su madre le dijera verdaderamente quién era, había estado pensando en como no ser una carga, y al llegar pensaba aprovechar que su madre era una de las directivas de las empresas de su abuela para pedirle un empleo de medio tiempo como camarera en el Santoria Palace. Sabía que Margot iba a poner el grito al cielo, pero de igual forma quería intentarlo. —Es importante que pienses en cómo ganar tu propio dinero —dijo Katherine—. Lo que no entiendo es porque tiene que ser tan urgente. Margot y Katherine cruzaron miradas, puesto que ya sabían el porqué de aquella actitud. —Eres solo una adolescente, tienes una madre que te ama y una abuela que te adora —continuó su madre—. Deberías disfrutar al máximo de lo que tienes. Era obvio que lo decía porque Katherine a esa edad había quedado embarazada de ella. —Eres muy joven para llevar ese peso sobre tus hombros —agregó Margot—. Ya tendrás tiempo suficiente para hacerlo. Como siempre, su abuela siempre sabía qué decir y que hacer en el momento justo para calmar sus inquietudes, brindándole de esa forma consuelo. La abrazó y le besó la frente. —Está bien, abuela. Ella no estaba muy a gusto con la decisión, en realidad, no quería sentir que le debía nada a nadie. Por eso, después de la comida, se encerró en su habitación hasta un delicioso aroma de las galletas recién horneadas, inundó la villa en donde estaban hospedadas. ¡No podía creerlo! La abuela era genial, sabía que las había preparado solo para ella. Así que bajó corriendo por las escaleras, llegó hasta la cocina y ahí estaban las galletas encima de la mesa. —¡Madi, cariño, ten cuidado! —exclamó Margot con una sonrisa traviesa, mientras ponía algunas cosas sobre una bandeja—. Las galletas no se van a ir, vayamos al jardín. Ahí podremos servirnos el té mientras esperamos que se enfríen un poco. Ella solo asintió y caminó detrás de la mujer mayor, Margot dejó la bandeja que tenía todo sobre la mesita, las galletas aún humeantes se veían deliciosas. Se sentaron una al lado de la otra Con un suspiro, Madison miró hacia el horizonte. Sin embargo, todavía se sentía abrumada por la noticia de su procedencia. Más todavía cuando su madre le dijo que fuera quien fuera su padre no tenía importancia. —Ahora me dirás que es lo que te preocupa, cariño. Aunque Margot usó un tono de voz suave, y no había formulado ninguna pregunta. Sabía perfectamente que era una sutil orden. —No ha sido fácil para mi saber que realmente no eres mi abuela —admitió Madison mientras echaba un chorrito de leche a su té, y daba un sorbito—. Ni siquiera sé si debo continuar llamándote abuela —la miró buscando comprensión—. Pienso que es por eso que mi mamá tiene tantas expectativas sobre mí, y ahora no estoy segura si estoy a la altura. Margot asintió diciendo con ese gesto que la comprendía, le tomó la mano con ternura. —La vida para Katherine no fue muy buena hasta que tú naciste, pero es necesario que sepas de donde provienes, por más abrumador que pueda ser —le sonrió—. La única expectativa que tiene tu madre sobre ti es que seas feliz —Margot puso un mechón de cabello detrás de su oreja—. Que disfrutes tu adolescencia y tu juventud como ella no pudo. En el momento que Madison iba a decir algo, ella le puso el dedo índice sobre su boca para que la dejara continuar. —Nunca más quiero escucharte decir que no eres mi nieta —Margot fue muy tajante—. Porque desde la primera vez que las vi ahí fuera del Santoria, te escuché llorar y te tuve en mis brazos, supe que serían mi familia, por tanto, serían parte de mí. Madison no pudo contener la emoción por cada una de sus palabras, y lágrimas rodaron por su rostro, y abrazó a su abuela. Quien le daba cariñosamente palmaditas en la espalda, y la besaba por encima de la cabeza. —No te preocupes ahora mismo por ser crecer, ve al paso. La vida está llena de incertidumbre que sería un desperdicio de tiempo, preocuparse por adelantado —volvió a besarla encima de la cabeza—. No sientas miedo de perder lo que tienes, porque el destino te lo ha dado como regalo. Lo más importante es que sigas adelante, confiando en ti misma para mantenerlo. En ese momento Madison miró a su abuela y se sintió muy afortunada. Margot siempre tenía la habilidad de hacer que todo pareciera más sencillo y práctico. Insistía que cada desafío, por difícil que pareciera, era una oportunidad para crecer y probarse a sí misma. —¿Entonces mamá y yo no somos una acción de beneficencia en tu vida? —ella tuvo que preguntar, porque eso era lo que pensaba. —¡¿Quién te ha dicho tal cosa?! —El tono de voz de Margot fue de completa indignación, luego dio una respiración para controlarse un poco—. Es al contrario, Katherine y tú hicieron su acto de beneficencia conmigo, porque de no haber sido por ustedes… Hace mucho tiempo hubiera perdido mi lado humano. —¿A qué te refieres? —Madison no entendió sus palabras. —Que tu madre y tú, tienen mi corazón —Margot se levantó y caminó hasta la jardinera más cercana, que estaba llena de flores de diferentes colores y le hizo señas para que llegara hasta ella. —Y tú tienes el nuestro, abuela —Madison le dijo limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano. La abuela asintió, se inclinó y tomó una de las plantas en sus manos. —¿Ves esta planta? —Sí, abuela… —Es como tú, Madi —ella soltó una risita—. Cada día que pasa crece un poquito más, se enfrenta a los cambios de clima, desafiando al sol y la lluvia. Puede que una que otra tormenta trate de arrancarla de raíz, es ahí cuando la planta se hace fuerte para poder resistir lo que viene en el futuro. —¿Y yo estoy en tu futuro? —Sus hormonas adolescentes estaban haciendo estrago en ella. —Por supuesto, que lo estás… Algún día mi presente será tu futuro. El sonido de su teléfono celular no dejaba, la despertó, todavía sin abrir los ojos podía sentir que su rostro estaba húmedo por las lágrimas. Aquello no era un simple sueño, fue el recuerdo más bonito de su adolescencia, puesto que fue el primero y último viaje de vacaciones con su madre y abuela. Unos meses después de eso, su madre había muerto. —¡J0d3r! —exclamó porque el aparato no dejaba de repicar y el sonido le estaba taladrando la cabeza. Madison arrugó la cara y se puso la almohada encima. Quien llamaba era insistente, puesto la cosa sonaba una y otra vez. Abrió los ojos de golpe y todavía no había amanecido. Dio una respiración profunda, y se sentó en la cama. Cuando lo hizo, sintió muchas náuseas, tenía un fuerte dolor de cabeza. Apenas pudo llegar al baño, y depositó en el inodoro todo el alcohol que había ingerido. De manera inmediata se sintió mejor, sin embargo, sabía que no sería por mucho tiempo si no tomaba algún analgésico. Aprovechando que no se sentía tan mal, se lavó los dientes y cuando miró su reflejo en el espejo se dio cuenta de que todavía llevaba el vestido de la gala de beneficencia. —¿Cómo llegué hasta la cama? —se preguntó frente al espejo, frunciendo el ceño. Pues, solo recordaba hasta el momento en que le dijo a Cameron que iba a irse a dormir. Se quitó la fina prenda, para darse una ducha rápida y volver a la cama. Tenía que descansar, porque no sabía como estaría su día de ajetreado. Después de unos minutos debajo del rocío del agua, se sintió mucho mejor. Sin embargo, llamaría a recepción para pedir un analgésico y un jugo de naranja. Para beberlo de manera inmediata, así su malestar no estaría en la mañana. Luego de hacerlo, se puso una pijama de seda de pantalón largo y top. Buscó en su bolso y encontró su aparato telefónico en el que había más de siete llamadas perdidas de Chris. —¡Oh, Dios, no quiero malas noticias! —dijo entornando los ojos, puesto que eran las cuatro y veinte de la madrugada. Escuchó que tocaban suavemente la puerta, estaba segura de que era uno de los de servicio trayendo lo que había pedido, por eso fue inmediatamente a abrir. —¡¿Chris?! —exclamó con asombro al verlo parado en la puerta, en la puerta, con el jugo de naranja y los analgésicos en las manos. Supo en ese instante que pasaba algo que necesitaba atención inmediata. —Estuve llamándote, toma y traga rápido —demandó después de entregarle lo que llevaba en las manos, luego se quejó: —¡Qué buen momento escogiste para tener una resaca! —Me acabo de dar cuenta de que me llamabas, ¿qué ocurre? —inquirió después de beberse el jugo con el analgésico. —Debes acompañarme ahora mismo, antes de que amanezca —le mostró una tarjeta magnética—. No podemos perder más tiempo. —¿A qué habitación pertenece esta llave? —Madison preguntó con cautela. —Es de la suite de Margot… Madison abrió mucho los ojos por la sorpresa. —¿De la abuela? —manifestó, moviendo la cabeza por la sorpresa—. ¿Podemos entrar a esa habitación? —negó con la cabeza—. Pensé que estaba a disposición de la policía. —Eso es cierto, pero pude lograr con Greg que no se hiciera nada hasta que llegaras —contestó el gerente general del Santoria Palace. —¿Qué debemos hacer ahí? —todavía Madison estaba aturdida. —Secretos, Madi —la miró serio—. Tenemos que encontrarlos antes de que lo haga la policía y todo se complique más de la cuenta. —Está bien… —Muévete, debemos hacerlo todo antes del cambio de guardia. Ella no entendía nada, solo se puso un albornoz encima y siguió al amigo de su abuela. Al final de cuentas no quedaba tan lejos sino al lado. Aquel piso era para la familia, aunque la habitación dieciséis doce, que era un misterio para todos. Siempre sintió curiosidad por saber qué había detrás de la puerta «Algún día lo sabrás, Madi. Solo espero que cuando suceda, estés preparada.», recordó sus palabras. En el instante en que Chris pasó la banda magnética por el lector y la puerta se abrió, la luz tenue de la calle se colaba tímidamente por las cortinas de encaje de la habitación de la abuela. Inmediatamente, la golpeó la melancolía, puesto que el aire estaba cargado de recuerdos y un leve aroma a lavanda, el perfume favorito de Margot impregnaba las cuatro paredes. —Voy a encender la luz —Chris le informó. Al hacerlo, Madison sintió que no podía moverse, observando detalladamente cada rincón de la habitación con nostalgia y tristeza. Era la primera vez que entraba allí en muchos años, exactamente desde que se había mudado a América. Agradeció que Chris, el leal amigo de su abuela desde que ella tenía memoria, estuviera a su lado, dispuesto a ayudar en lo que fuera necesario. Vio que todavía estaba en el mismo lugar la peinadora antigua de roble, una reliquia como su abuela decía, porque según ella la pieza tenía alrededor de trescientos años. La gran cama que compartió con ella cuando su madre murió y sentía que el dolor de su perdida iba a partirla en dos. —Es mejor que comencemos a buscar —manifestó Chris un poco nervioso. El hombre de color chocolate comenzó a rebuscar, en cada uno de los cajones del armario, con tanto afán que Madison le pareció exagerado. —¿Qué es lo que estamos buscando? —ella necesitaba una idea para poder ayudar. —No lo sé, Margot era muy meticulosa. Ella guardaba muchos secretos, como un devorador de pecados —respondió con voz temblorosa—. Cualquier cosa que te parezca un poco inusual. Madison frunció el ceño en confusión, porque se sentía como un vil ladrón. La habitación de su abuela era su santuario, un lugar en el cual no dejaba entrar a mucha gente. Por el hecho de que era un reflejo de su vida, cada mueble, cada cuadro, fotografías enmarcadas y uno que otro recuerdo de algún viaje realizado por el mundo. Había un enorme armario de madera oscura, sonrió porque recordó de pequeña haberse escondido ahí. —¡Margot, ilumíname! —Chris dijo mirando hacia el techo, y luego se movía de un lado a otro— ¿En dónde caraj0 están tus cosas? —La abuela tenía muchos lugares secretos en donde guardaba las cosas que más valoraba. Vamos a revisar cada uno de ellos con calma —expresó Madison, dirigiéndose primero al armario. —¡Tiempo es lo que no tenemos, Madi! —el hombre parecía algo angustiado—. Esto ahora mismo es una carrera contra reloj. Madison no le hizo mucho caso, ya que no tenía la más mínima idea de lo que estaban buscando. Al abrir las puertas del armario comenzó, le miró por encima del hombro para que le ayudara a revisar cada estante y cada cajón. Encontraron cajas de recuerdos, y sintió una opresión en el pecho en el momento en que abrió una y había una rosa marchita por el tiempo, y al lado una tarjeta hecha por ella. Recordó el día que se lo regaló un día de las madres, Tony le había ayudado con la rosa. Había también una pequeña caja de joyas, pero nada más. —No creo que sea esto a lo que te refieres —ella le dijo a su acompañante. —Tal vez estén en los cajones de la cómoda —sugirió Chris mientras caminaba al vestier que Margot había mandado a remodelar, solo su suite la tenía. Siempre dijo que ella era una reina y el Santoria era su palacio. Madison le siguió, dio un suspiro de cansancio. Porque los cajones de la cómoda eran tantos que cubrían media pared. La tercera fila, estaban llenos de cartas que todavía desprendían un olor a sándalo. También más fotografías, y uno que otro objeto personal de la Margot. —Esto es más de lo mismo —se quejó Madison, mientras sacaba más fotos y más cartas viejas. —Tiene que estar aquí, estoy seguro de eso —Chris negaba con la cabeza—. Margot no era descuidada, le gustaba tener el control a la mano. —Sigo pensando que esto es una perdida de tiempo —manifestó chasqueando los dientes.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR