◦✧◦PROPUESTA SORPRESIVA◦✧◦

2550 Palabras
Madison estaba en sus cavilaciones cuando de pronto se escuchó una bocina detrás del vehículo con tanto afán que la hizo voltear. —No se preocupe, señorita Bennett —le dijo el conductor, mientras se orillaba al hombrillo de la carretera. El corazón comenzó a latirle fuertemente, puesto que mientras observaba el otro auto hacía cambio de luces. —No se asuste, señorita, mantenga la calma y confíe en mí. Madison no dudó en ningún momento, hizo lo que le pidió. Pero cuando el otro vehículo se estacionó al lado del suyo y bajó la ventana trasera. La angustia, y el miedo, la invadió. «Muchas emociones para una sola noche», se dijo. —¡Karl! —expresó una voz con acento y conocida. De manera inmediata el hombre se bajó del auto, y su conductor también. A los pocos minutos se abrió la puerta. —No se preocupe, es solo el señor Benedetti que quiere conversar con usted —Karl le informó. —Lo siento, no quise asustarte. Madison lo miró como si estuviera fuera de sus cabales. —Está bien, pero… ¿Sucede algo? —Disculpe el atrevimiento, pero me gustaría charlar con usted —hizo un gesto con las manos—. A primera hora de la mañana me voy a la Toscana y no quiero irme sin hacer lo hay que hacer. —Entiendo que usted quiere hablar conmigo en este momento, ¿cierto? —Sí, en donde usted quiera —miró a los lados un poco ansioso—. Menos en este lugar, sería un poco llamativo para los amigos de lo ajeno. Ella le dio un asentimiento de cabeza, porque también pensaba lo mismo. —Le esperaré en el restaurante del Santoria, ¿le parece? —Madison le propuso. —Me parece perfecto, porque me estoy hospedando en ese hotel —contestó el hombre. Con un asentimiento de cabeza, terminaron la conversación. —¿Listos, señorita? —Karl le preguntó por el espejo retrovisor. —La verdad que no —respondió, negando con la cabeza también—, y este hombre me ha dado un susto de muerte —soltó una risita. —La entiendo… Ella se reclinó en el cómodo sillón de cuero, que para su desgracia estaba impregnado con el olor del perfume de Cameron. En el instante en que iba a preguntarse en como la estaría pasando Cameron y Brigitte, sintió una rabia que no entendía. «¡Oh, no Madison! ¡No vayas por ahí!», se regañó mentalmente. Segundos después, Karl se estacionaba en frente del Santoria Palace. El portero le abrió la puerta y la miró con asombro. —Buenas noches, señorita Bennett —le dio la mano, para ayudarla a bajar. Sin embargo, Madison abrazó con fuerza al hombre. Ya que lo conocía desde que era una niña, y él solo era un ayudante de botones. —¡Tony! —exclamó. Su cabello estaba algo canoso, el rostro curtido. Quedaba muy poco del hombre joven de su juventud, recordó cuando la cubría, cuando quería hacer una fiesta de pijamas con sus amigas del colegio. Por supuesto, todo mientras su abuela estaba de viaje. —Está usted muy hermosa —Tony expresó con respeto—, me atrevo a decir que igual que su madre. Las palabras la complacieron. —Muchas gracias, estoy de vuelta en casa —inquirió ella dándole de nuevo un abrazo, y entrando al hotel. —Esa es una muy buena noticia, mi niña. Durante un tiempo, pensó que Tony y su mamá estaban hechos el uno para el otro. Pero luego descubrió que él estaba casado y que tenía una familia. Sonrió al pensar que ese fue su primer desengaño amoroso. A pesar de que era casi las doce de la noche, el lobby del Santoria Palace estaba abarrotado de gente. Frunció el ceño al recordar que no era temporada alta, se dirigió inmediatamente al restaurante. —Buenas noches, señorita Bennett —le dijo el Maitre. —Espero a una persona, podrías darnos una mesa en donde se pueda charlar, por favor. El hombre le hizo señas a uno de los camareros a quien le indicó su mesa, mientras caminaba seguía al hombre hasta su lugar asignado podía sentir los ojos de algunos de los comensales sobre ella. Era obvio que la manera en la que estaba vestida llamaba la atención. —Por favor, quiero una botella de Masseto, con dos copas. —Enseguida se lo traigo. La verdad era que necesitaba algo para poder liberar algo de la tensión, que ya amenazaba con darle un dolor de cabeza. A los pocos minutos el camarero descorchaba la botella, y le servía el líquido en una copa, justo cuando le estaba dando un sorbo para degustarlo se apareció en su mesa el señor Benedetti. —Esa es muy buena elección —inquirió el hombre con una sonrisa. Madison le hizo señas para que se sentara, y sin decirle una sola palabra le llenó una copa y se la entregó. —Muy bien señor Benedetti, ahora puede ser usted tan amable en decirme qué es lo que usted quiere hablar conmigo. —Rocco… —él tomó un trago de su bebida—. Por favor, llámeme por mi nombre de pila. —Muy bien, lo haré. Madison no perdió el contacto visual con el recién llegado, no era porque estaba mostrándose coqueta. Si no porque estaba en modo todo negocio, una actitud que la hacía sentir segura, además de que la disfrutaba. —Me gustaría ser parte de su proyecto —Rocco expresó. —Tengo entendido que usted hizo una de las donaciones más grandes, todavía no le he dado las gracias, por eso —ella dijo con una voz cautelosa, y estrechando los ojos. —Era lo menos que podía hacer —hizo una pausa, y dio otro trago a su bebida saboreándola—, pero como le dije anteriormente, me gustaría involucrarse en su causa. La mirada de asombro en el rostro de Madison, hizo sonreír al hombre. —Me siento muy halagada por eso, pero al mismo tiempo… —No esperaba encontrarte aquí, Rocco —una voz grave y baja que tenía un toque de emoción, se escuchó muy cerca de ellos. Ambos voltearon y pudieron observar a un Cameron King que tenía el saco abierto, la pajarita de su esmoquin en la mano, dos botones de su camisa sueltos, el cabello como si se hubiera pasado las manos varias veces por encima de su cabeza, y lo que más llamaba su atención eran sus ojos. Brillaban en medio de la luz tenue del lugar, Madison juró que podía ver un punto de color rojo en sus pupilas. —¡Cam! —el italiano exclamó con sorpresa, enseguida se levantó y le saludó de nuevo con un abrazo, apartó una silla—. Ven, siéntante con nosotros. —No te quepa la menor duda que igual lo hubiera hecho —Cameron le sonrió mostrando todos los dientes, y arrimó sutilmente la silla hacia donde se encontraba Madison, que solo lo observaba en silencio. —Me disculpo por haber abordado de esa manera a Karl —expresó Rocco, pero cuando iban saliendo del evento al parecer no me escuchó cuando le llamé. Madison pensó en ese momento que aquello era como un tipo de código en entre hombres, como si Rocco por actuar impulsivamente hubiera cruzado la línea. Su lado curioso se activó, queriendo saber un poco más de aquel trato entre ellos. —No pudo negar que me ha dado un susto de muerte —decidió intervenir. —No sabes lo mal que me siento, por eso —puso la mano delicadamente sobre el brazo de la joven. Ambos giraron el rostro hacia Cameron, porque le escucharon chasquear los dientes. Sin embargo, actuó rápido y llamó a unos de los camareros para indicarle que le llevara una copa. —Le comentaba a Madison mi intención de involucrarme en su proyecto —continuó Rocco. —¿Ese es el motivo? —Cameron cuestionó, mientras llenaba su copa de vino—. ¿Por qué no lo dijiste en el evento? Involuntariamente, Madison comenzó a jugar con el collar que llevaba puesto. Algo que hacía cuando estaba analizando una situación que para ella era poco convencional. —Después que dio la noticia del fallecimiento de Margot, todo sucedió muy rápido —explicó—. Cuando quise llagar a ella, ya se estaba montando en el auto. —Bien pudiste esperar a mañana, Rocco —le recordó Cameron. —Me voy a primera hora de la mañana a casa —su amigo le sonrió y luego le dijo en italiano: —No sabía que fueras tan posesivo. Mucho menos tenía idea de que la quisieras para ti, hermano. Si había algo que le molestara a Madison era que la trataran como si no supiera valerse por sí misma. Era rubia, pero no tonta. —Es de mala educación hablar en otro idioma en una mesa —les dijo a los hombres que quedaron completamente en el sitio cuando habló, puesto que habló en un italiano fluido, y usando el mismo idioma agregó: —¿En qué idioma continuaremos esta conversación? —Touché —inquirió Rocco con una risita hacia Cameron. Quien la observó como si fuera la primera vez que trataba con ella, y eso le gustó. Sorprenderlo, mostrarle que era algo más que una cara bonita. —¿De qué manera piensas involucrarte en este proyecto, Rocco? —Madison fue al grano. —Directa, buena negociante —soltó una carcajada, el italiano miró a su amigo de años—. Ideal, justo como anillo al dedo. Ella frunció el ceño porque no entendió del todo su comentario. —¿Qué es lo que realmente quieres? —cuestionó Cameron. —Veo que los ambos son un poco rudos, puede decirse que tienen el mismo estilo. Quizá por eso estén juntos, y hasta puedo decir que son tal para cual, juro que hasta puedo escuchar campanas de… —¿Cuánto has bebido? —él lo interrumpió antes de que dijera la última palabra. «¡¿Boda?!», se preguntó Madison con el corazón, palpitándole como si estuviera corriendo un maratón, la boca se le secó. Había escuchado mal, seguro fue eso. Un poco nerviosa, tomó de un trago el vino que estaba en su copa. —Estoy muy contento de que te estés dando una oportunidad con la señorita Bennett. —Rocco… —ella interrumpió— Creo que estás en un error, Cameron y yo solo somos socios… —¿Y de eso no se trata el amor? —se les quedó mirando—. De ser amigos… amantes… socios… cómplices… —Estás equivocado, nuestra relación es laboral —continuó Madison un poco angustiada. Aunque lo que decía a ella le parecía muy romántico, Rocco Benedetti estaba en un completo error. —No creo que nuestra vida personal, tenga que ver con los negocios —alegó Cameron, mirándolo con los ojos entrecerrados. —Para los negocios regulares, tienes razón —manifestó Rocco—. Pero para el proyecto del que ustedes están a cargo, es importante su lado humano. Porque no creo que el propósito de desarrollarlo sea la evasión de impuestos. —¡Vaya, por Dios! —Madison exclamó indignada, puesto que se sabía de donde venía la idea— O tal vez eres quien quiera participar en Two Hands para evadirlo. Rocco abrió los ojos por la sorpresa. —No esperaba que fueras tan mordaz, pero no es así. La causa me parece noble, por razones personales, y en realidad me gustaría participar. —¡Hazlo entonces! —Cameron se estaba desesperando. —De acuerdo —Rocco miró la hora en su reloj de oro en la muñeca—, terminemos aquí que se me hace tarde y tengo que levantarme muy temprano. Madison y Cameron cruzaron las miradas, como dando gracias a Dios, porque el hombre por fin iría al grano. —Donaré un gran terreno en el área de Colindale, y también la construcción de dos edificios —Rocco hizo una pausa al escuchar un jadeo de asombro por parte de Madison—. Para albergar a más de trescientas mujeres… —¿Cuál es el truco? —Cameron interpeló, porque tanta generosidad siempre iba de la mano con algo turbio. —Estoy de acuerdo con él —inquirió Madison—, lo que dices es muy bueno para ser verdad. —Solo es algo que creo que no podrán negarse —Rocco les guiñó un ojo a ambos. Rocco era un hombre astuto, no era tan mayor, pero al parecer era muy allegado a Margot. También había llamado mejor amigo a Cameron. Madison no lo tenía del todo claro, solo que sentía que ambos estaban dentro del círculo de sus abuelos. «¿Cómo puede ser esto posible?» Ella estaba cada vez más confundida, escuchó cuando Cameron chasqueó los dientes. —Nunca muestras tus cartas del todo, ¿verdad? —¡Ja! Ni que fuera tonto… —¿Qué es lo que quieres pedirnos? —Madison intervino apresurándolo. —Que vengan a visitarme a mi casa —Rocco contestó mirando a Cameron—, en La Toscana. La petición los dejó a ambos en el sitio, y ella no se perdió ni un detalle de los gestos en el rostro de su socio. —Lo siento, no puedo en estos momentos —fue la primera en hablar—. Mi abuela ni siquiera ha tenido un funeral, y también tengo que ponerme al día con las cosas en las empresas —miró a Cameron, y luego lo señaló—. No sé quiénes son mis nuevos socios, y como comprenderás eso es algo que me llevará algunos meses. Ella observó como el socio que estaba a su lado cerraba los puños, era obvio que no estaba acostumbrado a ser rechazado. Pero aguardaba silencio, eso significaba que de cierto modo estaba de acuerdo con ella. —No puedo creer que quieras perder una oportunidad como esta —Rocco la miró serio—. Estoy seguro de que Margot no la dejaría pasar. Lo que te estoy ofreciendo es más de la cantidad que recaudaste esta noche, además de tener un lugar propio en donde tu proyecto podrá ser desarrollado sin preocuparte por la renta o por algún desalojo en el futuro. «¡¿Por qué no podía tener un poquito de calma?!» Lo que le proponía era muy beneficioso para ella, pero lo que no estaba claro era la insistencia de relacionarla más de la cuenta con Cameron. —Realmente no sé qué decir… —Tienes razón cuando dices que algunas cosas tras la muerte de Margot no están resueltas —Rocco se sirvió un poco de vino, y tomó hasta el final. Mirándolos a ambos, sugirió: —¿Qué les parece si les espero en casa dentro de dos semanas? —Rocco… —advirtió —Sería un tiempo justo, y así también yo les podría preparar la propuesta en la construcción de las instalaciones de Two Hands —Les sonrió de oreja a oreja, sabiendo que estaba a punto de salirse con la suya. No se esperaba tal cosa, pero en una cosa Rocco tenía razón. Margot Bennett nunca desaprovecharía tal oportunidad.
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