◦✧◦ARGUMENTO◦✧◦

2215 Palabras
Madison estaba mirando los rascacielos desde el gran ventanal de su oficina, mientras se tomaba un descansando. Por supuesto, se había quitado los zapatos de diez centímetros, todavía no era medio día, y ya había tenido dos reuniones. A veces se sentía frustrada, porque siempre tenía que esquivar las puñaladas por la espalda que le daba la junta directiva que ella presidía. Quisieran o no, ese era su lugar. Negó con la cabeza al recordar las palabras de su abuela el día que terminó sus estudios de economía, y gerencia. —No creas que no estoy orgullosa de ti, Madi. Ya tienes tu camino laboral labrado, ahora solo falta en lo personal —puso su dedo índice sobre su pecho—, y aquí en tu corazón. —Solo tengo veintidós años, para eso tengo tiempo, abuela. Margot le sonrió y le puso las manos en los hombros. —No lo creo, siempre estás ocupada, así me hagas preguntarte si alguna vez has tenido un buen orgasmo. —¡Abuela! —se quejó. —¡Por Dios, Madi! —la miró seriamente—. Si triunfas en la cama, lo harás con cualquier cosa que te propongas. Negó con la cabeza, lo que menos quería recordar aquella conversación. Puesto que ya habían pasado dos años, y pensaba que le había demostrado a su abuela que su consejo fue innecesario. Pero en algo tenía razón, nunca había tenido un buen orgasmo. —Señorita, Bennett —la voz de su asistente la sacó de sus cavilaciones. —Dime, Iris… —se giró en su silla presidencial, y dio una mueca de disgusto al darse cuenta lo que traía en las manos— ¡Por Dios! —Di-di -dígame —balbuceó la chica un tanto nerviosa— ¿Qué quiere que haga con esto? El señor Philips ya enviado cuatro con este último en lo que va de la mañana. —¡Lo que desees! —Madison alzó las manos en exasperación—. Échalas a la basura, quédatelas. ¡Véndelas si necesitas el dinero! Pero no quiero verlas en mi oficina ni un segundo más. —Señorita Bennett… están muy hermosas… Madison dio un suspiro, y tenía mucha razón. Solo que la persona que se las enviaba no le causaba ningún tipo de emoción, al contrario, un repelús que le encogía la boca del estómago. Miró a la pobre chica, y esta palideció. Quizá pensaba que su enojo lo descargaría con ella. —Iris, por favor ¡Llévatelas de una buena vez! En el momento que alzó la mano para darle un golpe al escritorio, la joven asistente salió corriendo. Reclinó la cabeza hacia atrás en su cómodo sillón. Cerró los ojos por un momento, todavía no podía creer que Jefferson, y Carmín la hubieran traicionado de esa forma. Sacudió de la cabeza, porque cuando la llamó diciendo que fuera a su apartamento porque le tenía una sorpresa. Lo menos que le pasó por la mente fue aquello. Todavía temblaba de la rabia, y de la indignación. Había estacionado en el área de visitantes, puesto que no pensaba quedarse mucho tiempo. Solo quería un revolcón y no quedarse a pasar toda la noche. Jefferson lo sabía, y en los últimos días había notado ciertas actitudes que le hicieron saber que era hora de terminar lo que fuese que tuvieran, que obviamente no era una relación. Cuando entró en el lobby la saludó el portero, como siempre con una amabilidad increíble. Por eso cada vez que pedían comida a domicilio, siempre pedía algo para el buen hombre. Entró al ascensor como regularmente lo hacía, en el instante en que estuvo en la puerta tocando el timbre. No espero que fuese tomada por el brazo y puesta contra la pared. —Te estaba esperando —expresó su compañero de juegos, antes de asaltar su boca. Sus lenguas se encontraron bruscamente, y se anudaron. Choques de dientes, que no parecieron importantes. Jefferson subió uno de sus muslos hasta sus caderas, pero tela de sus pantalones no ayudaba mucho. Fue ella quien rompió el beso por la falta de aire. —Al parecer hay alguien caliente por aquí —Madison deslizó la mano entre sus cuerpos hasta llegar a su paquete. Soltó una risita al darse cuenta de que Jefferson estaba solo en ropa interior. —Uff, nena no te imaginas cuanto —mordisqueó su labio inferior—. Pero esta noche se trata de ti, y de como cumplirás unas de mis fantasías. —Suena muy interesante… Se alejó de ella gruñendo, le puso las manos en los hombros. La instó a caminar por la sala, le quitó el bolso, luego sin dejar de besar su cuello le desabotonó la blusa de seda. Madison le ayudó con su pantalón. —Detesto que los lleves, Madi —Jefferson se quejó. —¡Ja! —ella se quitó los zapatos y la fina prenda—. Te lo juro que lo menos que pasó por mi cabeza fue echar un polvo después del trabajo. Él dio un gruñido de desaprobación, realmente no le gustaba cuando Madison hablaba de esa forma, sin involucrar sentimientos. Muchas veces se preguntó qué hacía con ella, aunque desde el principio todo había quedado muy claro entre ambos. Solo era pasar un buen momento y nada más. —Ven acá, nena… En el fondo a ella le gustaba aquel apelativo cariñoso, más de la cuenta, solo que ni muerta se lo iba a ser saber. —¿Qué haces? —su corazón comenzó a latir en el segundo en que sintió que Jefferson vendaba sus ojos. —¿Confías en mí? —le susurró en el oído con voz gutural. —Créeme que no —su respuesta era sincera—, pero la curiosidad en mí es tan grande que creo que un día pueda meterme en problemas. —¡Por Dios, Madison! —exclamó Jefferson mal humorado, y terminando de anudar la venda—. Eres experta en bajarle la moral y la autoestima a cualquiera en cuestiones de segundos. Se encogió de hombros. —Si crees que voy a decir lo siento por lo que acabo de decir… —negó con la cabeza, y soltó una risita—. Sabes que no va a suceder, es lo que pienso. —De acuerdo, chica ruda —le azotó una nalga—. Esto te lo haré pagar de otra manera. La guio hasta la habitación, su corazón daba tres latidos por segundos. La incertidumbre hizo presión en la boca de su estómago, sumado a la anticipación que hizo que su s3x0 comenzara a humedecerse. Todo indicaba que la noche iba a ser mejor de lo que ella esperaba. Con mucha delicadeza, Jefferson hizo que se sentara a la orilla de la cama. —Te prometo que vas a disfrutar tanto como yo —cubrió su boca con la suya. Madison estaba dejándose llevar, cuando él comenzó a regar besos por todo su cuello. Puso las manos sobre sus pechos, y los sacó por encima del sujetador. Fue en ese momento cuando se dejó llevar, y quedó de espaldas al suave colchón. Jefferson con una gran habilidad arremolinó la lengua en sus picos duros, haciéndola arquear la espalda y gemir de placer. Sin apartar un segundo de los labios de aquellos pezones duros como botones, se deshizo de las finas bragas de encaje a juego con el sujetador. Madison comenzaba a temblar de la anticipación y más cuando Jefferson posó sobre el montículo de su s3x0 la mano de manera posesiva, aquello le gustaba un montón. Pero frunció el ceño porque dio una respiración profunda, un olor dulzón llegó hasta sus fosas nasales. No obstante, lo dejó pasar, no quería perder la concentración. Relajó sus músculos, Jefferson se estaba encargando de eso. Estaba siendo sumergida por cada una de sus caricias, el calor de su cuerpo, sus músculos duros y aquella vara de carne presionando sobre su vientre, dándole una idea de lo que iba a suceder a continuación. —Oh, Jeff —jadeó—. Esto es tan bueno… —Y te aseguro que será mejor —afirmó él entre besos y caricias. Delineó con la punta de sus dedos todo su vientre plano, hasta que llegó a su ombligo, y dibujó alrededor círculos. Por unos segundos, Madison pensó que iba a volverse loca. Puesto que los sonidos de su succión sobre sus pezones, y sus caricias estaban afectando su razón. De manera delicada le hizo abrir más los muslos. Fue cuando entonces pensó que el corazón se le iba a salir del pecho, porque pudo sentir cuando Jefferson de manera delicada abrió los pliegues de su s3x0. Su respiración quedó atorada en los pulmones cuando una húmeda, caliente y experta lengua acarició el brote de su feminidad. —Ahhhhhh —gritó alzando sus caderas, puesto que aquella sensación era exquisitamente decadente. Clavó las uñas en los antebrazos de su compañero de juegos, aquel asalto era intenso y delicado al mismo tiempo. Con los ojos vendados, sus sentidos estaban más alertas. Sus caderas se alzaban en busca de más. Al mismo tiempo en que su espalda se arqueaba. —Oh, Dios mío… Aquel placer innegable, era lo que necesitaba, sus sentidos estaban al máximo. Escuchó los gruñidos de succión de Jefferson, y trató de poner más atención. También podía escucharse, el sonido de los lengüetazos a su s3x0. Lo que le pasó por la cabeza en ese instante no podía ser cierto, ¿o sí? No estaba preparada para eso, y quizá nunca lo estaría. Su cuerpo se tensó y quedó inmóvil, fue cuando entonces sus sospechas fueron comprobadas. Puso las manos sobre el pecho de Jefferson para apartarlo, se sentó de golpe, y se quitó la venda de los ojos. —¡Te lo dije, ella no sirve para esto! —exclamó una voz femenina que conocía muy bien. —¡¿Carmín?! —chilló mirando de Jefferson a su mejor amiga. —¡Madi! —¡Y una mierda! —se alejó de ellos, prácticamente desnuda— ¡¿Qué carajo significa esto?! —¡Ay, Madison! —manifestó Carmín, vestida nada más con una tanga y poniendo una mano sobre su cintura—. No hay necesidad de armar tanto alboroto, esto solo era un juego —miró a Jefferson—. Lo acabas de comprobar, ¿cierto? Él resopló. —Lo siento, nena —se rascó la nuca—. Pensé en experimentar cosas nuevas, no creí… —¿Y tú, Carmín? —lo interrumpió Madison—. Eras mi amiga… —¡Ah, no, cariño! —esta se quejó alzando la mano, y sin importarle muy poco su desnudez, caminó contoneando las caderas hasta donde ella se encontraba, le encerró el rostro con las manos—. No tienes el porqué tomártelo a pecho, Jefferson solo quería que la pasaras bien. Para que te sintieras más cómoda, me invitó —se encogió de hombros y le dio un beso seco en los labios—. Siempre es bueno experimentar cosas nuevas, eres linda… —le guiñó un ojo— Pero me siguen gustando más los hombres. Algo en la mente de Madison hizo clic. —Entonces ustedes ya han tenido sexo, ¿no es así? —no preguntó, lo intuía. —¡Por supuesto! —Carmín entornó los ojos—. Nos conocimos en el club de sexo que frecuento, pero ya eso lo sabías. Y aquello era cierto, puesto que fue ella misma quien los presentó. —No entiendo entonces el porqué querías exclusividad, Jeff —negó con la cabeza—. Si tan solo me hubieras… —Sabes que eso no es cierto, Madi —intervino Carmín—. Eres una hipócrita contigo misma, te da miedo explorar tus placeres más ocultos. Así que no le digas a Jeff que si tal vez hubieras estado entrada de sus fantasías, contigo lo aceptarías… —Según tú, debo aceptar a ahora que todos follamos con todos —la miró furiosa. —No, solo que te explores todo ese placer que hay en ti —replicó él. —Eso no justifica que me hayan engañado… Se sintió tan humillada que recogió sus ropas y se marchó. El sonido de su teléfono celular la sacó de aquel mal recuerdo, frunció el ceño al ver que el número era desconocido. —¿Sí? —preguntó con cautela, puesto que tuvo un mal presentimiento. —¿Hablo con Madison Bennett? —quiso saber una voz grave al otro lado de la línea. —Soy Cameron King, hablo para informarle que la señora Margot ha fallecido y se solicita su presencia de inmediato. El silencio se hizo presente, agradeció que estaba sentada. —¿Señorita Bennett, se encuentra bien? —la voz del caballero parecía alarmado. —Eh… —se aclaró la garganta—. Claro que no estoy bien, es mi abuela quien ha muerto —después de decir aquello, se reprochó por ser tan borde—. Por favor, discúlpeme… —La entiendo, perfectamente —él hizo una pausa—. Lamento haber sido quien le haya dado la mala noticia. —No se preocupe, y gracias. Después de finalizar la llamada se permitió llorar, Margot Bennett era lo único que le quedaba como familia.
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