NARRADOR
En primavera del año de 1998, nació un pequeño bebé. En una familia de alto rango, la familia contaba con un padre, una madre y dos hijas. El bebé era el tercero en la sucesión y del que el padre estaba orgulloso por ser varón.
Aunque las circunstancias en las que el bebé habían nacido eran increíbles. El bebé, quien venía de una familia humana, nació como mutante, con una peculiaridad.
A su corta edad su peculiaridad ya había sido revelada y el pequeño la dominaba casi a la perfección.
Al principio, los padres del niño, creyeron que era bueno tenerlo con ellos, en el futuro se convertiría en un hombre honorable y respetable por los demás.
Poco a poco esos pensamientos se extinguían. El niño mostraba un comportamiento diferente, no había emociones positivas en él.
El llanto de la hermana mayor alertó a todos. De nuevo, el pequeño había invadido la mente de la niña y había mostrado su mayor pesadilla. Los padres corrieron hasta donde los niños se encontraban y miraron la escena.
—No de nuevo, Liam— la madre, misma que cargaba un semblante cansado, corrió hasta donde ellos se encontraban y tomó a la niña para consolarla.
—¿Por qué lo hiciste?— pregunto el padre molesto.
No hubo respuesta del niño. El niño aún no comprendía su peculiaridad y creía que hacía lo correcto, sus padres no sabían cómo explicarte que había nacido con ello y debía aprender a controlarlo.
(...)
—Ya no lo soporto— alegó la madre una vez se encontraron a solas. —Si esto sigue así, terminara destruyendo nuestra familia— se acercó a donde su esposo se hallaba.
—¿Que quieres que haga?— cuestionó el hombre —Es nuestro hijo.
—No entiendo como es que nació como mutante.
—No te expreses así de él, Ruby— hablo molesto —Te guste o no debemos aprender a vivir con él.
—Un día de estos me matará ¿Eso es lo que quieres, Abraham?
—No, no es lo que quiero, pero debemos entenderlo. No es fácil para el controlar su don.
—Entonces ¿Qué haremos?— preguntó la mujer —Sus hermanas le temen, no quiero que ellas crezcan con temor de él.
El hombre pensó una solución y cuando encontró, la que mejor convenía, habló —Tú amiga, Esmeralda— habló él —Ella tiene un marido mutante ¿No es así?
—Si— la mujer asintió —¿Eso que tiene que ver con nosotros?
—Podemos pedir ayuda a ese hombre, para que nuestro hijo crezca sano y logre controlar su don— el hombre sonrió.
—Puede ser, yo no quiero que mi hijo se aleje de mi. Sabes que Esmeralda vive del otro lado de la ciudad y tardaríamos medio día en ir y venir.
—Será lo mejor para él. Si quieres que tu hijo sea normal, debes acceder.
—Está bien— la mujer miró a su marido —Solo quiero que él sea feliz— sonrió
—Lo será— el hombre también sonrió y tomó la mejilla de su esposa.
(...)
Claro que las pesadillas tienden a volverse realidad.
Esmeralda no accedió fácilmente a cuidar al pequeño, ella sabía que era necesario, pero llevarlo consigo era una gran responsabilidad. Los mutantes son tratados diferente a dondequiera que vallan y para desgracia suya, el lado del distrito en el que ellos vivían, era el lugar donde residían todos los altos mandos más poderosos.
Llevarlo ahí era llevarlo a su fin y lo sabían perfectamente.
Aunque, las desgracias ocurren de la nada. Nadie puede decidir su destino y, desafortunadamente, la familia del pequeño, murió en un accidente. Dejando solo al niño como sobreviviente y es que los mutantes no mueren fácilmente.
Al ver la situación del pequeño, Esmeralda decidió cuidarlo. Aún tenía tres años en ese entonces y dejarlo solo, sería un golpe duro para él.
Un año después, el pequeño ya se había acostumbrado a su nueva vida, ayudado por Adam para controlar su don.
El tiempo pasó casi volando que, en menos de lo que imagino, ya había cumplido diez y se había convertido en hermano mayor, de una niña, dos años menor que el y de otra, cuatro años menor.
El tiempo ayudó a borrar sus pesares y lo convirtió en un excelente niño, del que, seguramente, sus padres y hermanas mayores, se sentirán orgullosos. El niño amaba a su familia y decidió volverse fuerte para protegerla, pero, cuando el peligro se puso en frente, simplemente se acobardó y retrocedió.
El día en el que murió Esmeralda, él se quedó parado en su lugar y temblando de miedo. Se había acobardado y no había podido cumplir su palabra. Entonces miró a su hermana menor, enloquecida y poderosa y sintió un poco de envidia, ella si había podido hacer algo para salvar a su madre, mientras que él, simplemente, se había acobardado.
Cuando los altos mandos se los llevaron a los laboratorios, el niño endureció su corazón. Se volvió un ser frío y despiadado, no, los científicos lo volvieron un ser frío y despiadado.
Los experimentos eran cada vez más letales, trataban de convertir a Liam en un monstruo. Un experimento que dio frutos, el niño cooperó y se volvió fuerte y poderoso.
—El número 98 está listo para la subasta— habló el científico —Cuando lo desee prepararé todo para trasladarlo.
—Si, en una semana— habló —tenlo listo para entonces— dicho eso se retiro.
El día de la subasta llegó y el producto fue comprado por la abuela de Moira. Liam fue a vivir con Adam y conforme el tiempo pasaba, el chico comenzó a tener sentimientos por Morgan.
Al principio, se sintió incómodo estando en ese lugar. El odio que sentía hacía los humanos aún estaba presente, eso lo hizo querer asesinar a varios de ellos, pero Morgan le hacía bien al muchacho.
Morgan le ayudó a superar el pasado. Liam sintió que debía protegerlo y así surgieron sus sentimientos.
Entonces, cuando Moira fue rescatada. Liam sintió que debía vencerla en un combate limpio, así se demostraría quien era más fuerte y poderoso.