Siento un ruido proveniente de la ventana. Enciendo la lámpara. Es él. Observo el reloj, son las dos de la madrugada. Camina hasta aquí con un poco de trabajo. Está borracho. — ¿Qué haces aquí? —pregunto de mala forma. Él no responde. Solo se tumba en la cama. — ¿Dime por qué lo hiciste? —indaga. —Que no hice nada joder —le grito. —Fuiste tú Eileen —habla con un poco de trabajo—. Nadie más tenía acceso a mi oficina, a mi casa. No estaba con más nadie joder. —Que no fui yo —vuelvo a gritarle—. No voy a repetírtelo más. —Voy a contarte un cuento —dice de pronto. —No —respondo—. Vete con tu novia. —La he mandado a casa —contesta. Y esa simple frase me asienta muy bien. No puedo negarlo. Sin embargo, tampoco mejora la situación. —Vete. No quiero verte. —Mientes —replica. —Voy a c

