Sean miró a Vivian con deseo desde la primera vez que la conoció. Hacía unos seis meses que estaba bajo el mando de Arthur y ya tenía 17 años mientras la joven solo tenía 15. Llevaba haciendo algunos trabajos para éste cuando ella llegó a la casa de vacaciones, del internado. Él estaba deslumbrado por su belleza, no podía evitarlo. La joven inglesa, rubia y estilizada, que parecía tener clase emanando por cada uno de sus poros y que lo miraba altiva por arriba de su nariz, lo tenía enloquecido de amor y deseo. Arthur por supuesto, había estado atento a la relación entre ambos jóvenes. Había llevado a la joven al ginecólogo, pues no quería ninguna sorpresa. Así que desde los 15 años Vivian recibía periódicamente inyecciones anticonceptivas. Algún día su hija sería su llave de entrada

