Artemisa ya había conseguido su tapadera gracias a Marco, y había hablado con la empresa de seguridad acerca de sus ideas. Les había indicado qué era lo que necesitaba y también había tomado algunas clases de defensa personal y había aprendido a usar el cuchillo y algunas armas de fuego solo por si acaso. De hecho le proveyeron todo desde la misma compañía, que le había recomendado Michael Falcone en persona que tenía un colega italiano (un militar retirado que había trabajado en la OTAN y ahora tenía una empresa de seguridad privada como el propio Michael pero en Europa), todo lo que necesitaba. Y un poco más también, compadeciendose Dante Pucci el italiano en cuestión, de lo que le habían hecho a la griega, prometió guardar el secreto y se puso a su disposición para lo que necesitara.

