El jueves por la noche recibió tres mensajes y una llamada. Dos de ellos eran necesarios y verdaderamente los esperaba con ansia, el tercer mensaje y la llamada no los agradeció tanto. En contra de todo pronóstico, se arriesgó a sonreír cuando leyó las palabras que Teodoro le dedicó. “El sábado tenemos una cita, esta vez no podrás escapar.” No logró encontrar una excusa lo suficientemente creíble para negarse, así que tuvo que aceptar. Extrañamente, no sintió molestia o fastidio ante la idea. Tania decía que se vieran, lo más puntual posible, en el estacionamiento de la facultad y de ahí se irían en coche. Sus padres se lo prestaron porque ellos saldrían de la ciudad y no lo necesitarían, a su hermano le tocaba guardia en el hospital así que sólo lo iría a dejar y luego lo tendría para el

