Olivia. El domingo me levanto temprano de la cama aunque no había dormido nada, salgo a correr sin rumbo, es algo que me tranquiliza y me hace pensar o no hacerlo, a esta altura no sé, pero sobre todo, esto hace que cuando regresé a casa mí cara roja y ojos rojos por llorar por una persona que no vale la maldita pena disimulen, así evitar cuestionamientos, el que más me preocupo es el de mí padre quién no sabe nada, mí mamá seguro que esperará a estar en privado para hacerlo. Con los auriculares puestos y música a todo volumen corro sin parar, hasta que unos brazos me detienen, y sí, saben de quién se trata. —¡Qué diablos haces aquí! —cuestiono apartándome de él. —Necesito explicarte lo que pasó —suplica. —No necesitas explicarme nada, las imágenes hablaron por sí solas —que quiere ex

