Cap. 5 La luz de mi vida

2713 Palabras
Capítulo 5 - La luz en mi vida. Recordando el pasado (parte 2) Ese día por la tarde me dieron de alta, mi tía me llevo a casa y en el camino las dos íbamos en silencio. Al llegar entramos al interior de la casa y mi tía se fue directo a la sala donde se sentó, se cruzó de brazos y supe que era hora de hablar. Me acerque a ella con un poco de vergüenza, me senté enfrente de ella en uno de los sofás, respire profundo y comencé a contarle todo lo que me paso desde el principio. Ella solo me escuchaba en silencio, solo se tapó la boca con las manos cuando llegue a la peor parte, no lo podía creer, se quedó sin palabras. Mientras le contaba llore como nunca porque al fin pude contarle a alguien lo que tanto me torturaba, mi tía se levantó de su lugar, camino hacia mí, se sentó a mi lado y me dio un abrazo maternal y lloro junto conmigo. Dios, su abrazo, me hizo sentir más tranquila, porque me hacía tanta falta sentir ese calor maternal que te hace sentir que no estás sola. Sinceramente, después de se abrazó y contarle todo a mi tía, me sentí completamente liberada, porque ese secreto me está consumiendo por dentro, era como tener algo atorado en el pecho, que me estaba asfixiando. Después de un rato de llorar juntas, nos calmamos un poco y llego el momento de discutir que es lo que yo iba a hacer con esta situación. Primero que nada, le suplique que no le dijera nada a mis padres, eso los mataría de vergüenza y yo no podría con la culpa. - Nena, no podemos ocultárselo a tu familia, imagínate si ellos llegan a venir y ven a los niños que les vamos a decir. - No lo sé tía, pero tú sabes perfectamente como son mis papás, ellos van a querer que les diga quien es el padre, luego lo buscaran para casarme con él y si es un tipo desagradable. - Tranquila, no creo que tus padres sean capaces de obligarte a casar con alguien que sea malo, solo por guardar las apariencias. - Tía te lo ruego, no le digas nada – le supliqué. - Dios, Tara, como pudo pasarte esto nena, en serio, ¿no recuerdas nada del hombre con el que estuviste? - No, tía, ya te dije lo único que vi fue su tatuaje y por más que trato, no recuerdo como paso todo, es tan confuso y frustrante que no sé qué hacer. – respondí exasperada. - Mira, Tara, lo único que se me ocurre para que ellos no sospechen – se quedó un memento pensativo – bueno, la única opción que tenemos, es ocultárselo a tu familia y evitar que vengan a Londres por lo menos hasta que ellos nazcan. - Pero y si vienen después de que nazcan y los ven, ¿qué les vamos a decir? - Bueno, entonces les diremos que son míos, por lo menos hasta que estés lista para enfrentar la verdad, cariño, más no puedo hacer por ti – sentí un gran alivio y también angustia ante su propuesta. - ¿En serio, tía? Crees que funcione. - Pues espero que sí, porque si no esto será un completo caos. - Yo también lo espero… oye tía y que les dirás si a mi mamá se le ocurre pedirte fotos de tu embarazo y te reclama por no haberle contado antes. – dije preocupada. - Bueno, simplemente le diré que decidí ser madre y que rente un vientre, porque no puedo tener hijos por mi propia cuenta. - Pero ¿a tu edad? Será que se traguen ese cuento. - Tara, si no tuve hijos es porque así lo decidí y nunca se es vieja para tener hijos. – me aclaro un poco indignada – la verdad es que yo nunca me vi con hijos como tu mamá, en eso ella y yo somos de pensamientos muy distintos, digo no por ser hermanas gemelas, vamos a desear lo mismo. - Tiene razón tía, lo siento mucho, no quise ofenderte – me disculpé muy apenada por mi tonta pregunta. - Ya no pasa nada, Tara por favor cuídate mucho y no me vuelvas a asustar de esa manera, sentí que te perdía y entre en pánico nena – contesto y tiene razón, por mi culpa paso el mayor susto de su vida. - Lo siento mucho, tía... sé que te asusté con mi estupidez, pero la verdad es que lo hice porque la carga en mis hombros era demasiado grande, me sentí sucia e indigna, los recuerdos me estaban volviendo loca – confesé con tristeza. Me lo puedo imaginar cariño, pero debes grabarte una cosa muy importante en tu cabeza si – me miro a los ojos – tú no tuviste la culpa de lo que paso, así que de ahora en a delante solo camina hacia el futuro y no retrocedas al pasado. - No es fácil tía, esa parte de mi vida siempre será como una sombra para mí, son recuerdo que me acompañaran de por vida. - Sé que será difícil nena, pero poco a poco sí, dale tiempo de sanar a tu alma, además no olvides nunca que aquí estoy yo para lo que necesites, te prometo que nunca te dejaré sola con esta carga, te quiero mucho, nunca lo olvides nena. - Gracias tía, no sé qué haría sin ti en este momento – la abrase y me sentí aliviada de no cargar con esto sola. Y desde entonces mi tía ha sido mi mayor soporte, entre ella y yo salimos a delante. Durante el embarazo estuve llegado a la universidad, mi pancita iba creciendo rápido, iba a mis consultas de control, usaba ropa muy holgada para disimular un poco el embarazo y aunque era casi imposible porque llevaba a dos bebes dentro. Con el tiempo me abrí un poco más en la universidad, entonces conocí a dos chicas muy lindas y amables que estudiaban la misma carrera que yo, Elizabeth Land de Londres y Nera Ahmed de Egipto, las tres nos hicimos muy buenas amigas. Sinceramente, ellas fueron de gran apoyo para mí en los últimos meses de embarazo, pues me apoyaron mucho con los apuntes y las clases, para que yo pudiera solicitar un permiso especial antes de dar a luz. Como mis calificaciones eran excelentes, los directivos no tuvieron ningún problema en concederme el permiso, así que me permitieron seguir mis estudios desde casa por cuatro meses más, timando en cuenta la lactancia. Solo tenía que presentarme en días de examen. En cuanto a mis padres, bueno, obviamente ellos quisieron venir a verme en varias ocasiones, por eso tuvimos que ingeniar un plan para evitarlo. Cada vez que ellos planeaban venir, les salían compromisos de trabajo y cancelaban, la suerte estuvo de mi lado, pero no por siempre. Gracias al cielo, cuando por fin vinieron a visitarnos, los bebes ya habían nacido y mi tía los presentó como suyos. Y así, como mi tía lo planteo, les dijimos que rento un vientre para tenerlos. A mi madre no le gustó mucho la idea, pero en cuanto los vio se enamoró de ellos. (…) El día que di a luz a estos hermosos angelitos fue un completo caos. Estaba recostada, durmiendo en la cama, con un montón de almohadas en la espalda y alrededor, porque gracias a mi gran panza no me podía ni acomodar en la cama. Prácticamente, dormía sentada porque las caderas y las piernas me dolían horrores, estar embarazada es hermoso por las sanciones tan bonitas de sentir a tu bebé, las pasaditas y todo lo demás. Pero en realidad es horrible por los dolores y malestares que tenemos durante el embarazo, en conclusión, es muy difícil ser mujer. Bueno, como les decía estaba dormida, eran como las 7 de la mañana, cuando de pronto sentí unas ganas inmensas de ir al baño, ya que todo el tiempo, con estos gemelos, pareciera que me pateaban la vejiga, por lo que a cada rato me daban ganas de hacer pis. Me puse de pie con cuidado, me senté a la orilla de la cama, caminé hacia el baño, pero sentí que el líquido salió involuntariamente de mi cuerpo. – Mierda me oriné – dije un poco frustrada por no poder contener la orina. Cuando intente cambiarme las bragas, vi una mancha de sangre en ella, ya que eran blancas, de inmediato entendí de que se trataba, así que le grite a mi tía, quien corrió hacia mí. - ¿Qué paso? – entro corriendo y espantada por mis gritos. - Tía, ya vienen los bebés – le grité. De pronto comencé a sentir contracciones. - ¿Qué? Oh por dios, está segura – salió corriendo, agarro la maleta que ya teníamos lista, me ayudo a bajar con cuidado tomo las llaves de auto, cerró la puerta y nos fuimos al hospital. En el camino llamo al doctor y gracias a eso ya nos esperaban en la entrada con una silla de ruedas, me ayudaron a bajar del auto y me llevaron adentro. - Dios, esto duele mucho – dije fuerte. - Tranquilo cariño, respira, llegaremos rápido al hospital. - Si tía, por favor que esto duele mucho. - Buenas noches – saludo la enfermera cuando llegamos a urgencias para registrarme – ¿cada cuando son las contracciones? – pregunto. - Cada dos minutos –conteste. - Ok vamos a cambiarte, la valoraré y preparar para el parto – me informo. - Ok está bien – conteste quejándome del dolor. Al llegar a la valoración me reviso mi ginecólogo me dijo que me faltaba dilatación, y que me harían una ecografía para ver cómo están mis bebes. Me preocupé un poco, mi tía se quedó afuera y yo la necesitaba, tenía miedo, bueno a los 18 años en una sala de parto, quien no tendría miedo. - Vaya – dice el doctor - ¿Qué pasa? – pregunte asustada. - Creo que tengo malas noticias – mi corazón se detuvo en ese momento, me imagine lo peor. - ¿Qué es lo que pasa a mis bebés doctor? - Tranquila, uno no de los bebes tiene el cordón umbilical enredado en el cuello, pero no se asuste, sus bebes van a estar bien, se lo prometo – me contesto. - Por favor – supliqué preocupada, juro que iba a empezar a llorar. - Tranquila, esto tiene solución, bueno como esta situación es peligrosa para tu bebé, no podrás tener un parto normal, así que debemos ir directo a la cesárea – me explico para luego hablarle a la enfermera y la orden de preparar el quirófano. En cuestión de minutos unos enfermeros llegaron y me subieron a una camilla para llevarme al quirófano. Mi tía estaba afuera asustada cuando le dijeron lo que pasaba, al pasar por el pasillo se acercó para darme ánimos. Me dijo que no me pusiera nerviosa, que todo iba a salir bien, que esperaba por mí afuera, me dio un beso antes de entrar al quirófano, tarde 2 horas en salir por una complicación que pudieron controlar. Cuando desperté, me di cuenta de que ya estaba en la habitación, volteé hacia todos lados en busca de mis bebés. Sentí a mi tía que estaba dormida a un costado de mi cama. Le hablé despacio para despertarla. - Hola nena, que bueno que estás despierta ¿Cómo te sientes? - pregunto algo soñolienta, la pobre se la paso en vela por mí. - Estoy bien, un poco adolorida, pero bien tía, ¿y mis bebés? - pregunté de inmediato. - Dios, Tara, tus bebés son hermosos - dijo emocionada - Espera le diere a la enfermera que los traiga. Ella se levantó y salió un momento para avisarle a la enfermera que ya había despertado y para que trajera a mis bebés para conocerlos. Además, tenía que alimentarlos. Mientras la enfermera llegaba ella me ayudo a acomodarme en el respaldo de la cama con mucho cuidado, por la herida de mi cesárea que fue acostada y dolía horrible. Pero honestamente valió la pena porque mis hijos nacieron sanos. Los nervios y la ansiedad por conocerlos me estaban matando por dentro, porque no los pude ver después de dar a luz, porque me pusieron anestesia y quedé inconsciente. Minutos después la puerta se abrió y los vi entrar, la doctora tomo a uno y lo acerco. – Dios es bellísimo – dije muy emocionada. Mi tía tomó al otro bebe en brazos y al verlo comenzó a llorar. – Nena, pero mira qué cosa tan divina. – dijo acercando al otro bebe. Debo decir que me enamore, mis hijos eran las criaturas más divinas que jamás había visto en mi vida. Eran tan chiquitos e indefensos, que en mi mente solo podía pensar en protegerlos porque eran míos y de nadie más. Mi tía colocó al otro bebé en mis brazos y al tenerlos a los dos juntos en mis brazos, jure que lucharía por ellos sin importar que tan difícil sea mi camino de ahora en adelante y no miraré atrás. - ¿Y cómo se llamarán estos hermosos bebés? –pregunto la enfermera, mi tía y yo, ya habíamos buscado. - El niño se llamará Beck y la niña se llamará Bianca – respondí con una enorme sonrisa de felicidad. - Qué bonitos nombres, muchas felicidades y su esposo, ¿no vino? – todo estaba bien hasta que hizo esa estúpida pregunta. - No tienen padre, únicamente madre – respondió mi tía un poco seria. - Oh, lo siento, no debí preguntar. - Tranquila, soy madre soltera. - Bueno, pues muchas felicidades, creo que serás una gran madre. - Gracias. La enfermera tomó a la niña primero para acostarla en el cunero, dejando al pequeño Beck que es el que estaba más ansioso por comer, la verdad no sabía bien cómo hacerlo, aunque llegue a los cursos prenatales, en definitiva, la simulación no se compara con la realidad. La enfermera me ayudo a posicionar al bebé de manera correcta para poderlo alimentar, procedí siguiendo las indicaciones, pegue lo pegue a pecho listo para alimentar a este pequeño glotón que lo acepto sin problemas, minutos después termino de comer y fue el turno de la niña. Al terminar con ambos niños, unos enfermeros me instalaron unos cuneros en la habitación para que los niños estuvieran a mi lado. Mi tía me veía con una emoción inexplicable, ella al igual que yo nos sentíamos muy bendecidas con estos hermosos regalos que dios nos dio. Cuatro días después de dar a luz y de reposar por la cesárea, me dieron de alta y regresamos al fin a casa donde comenzó el verdadero. El trabajo duro, lo digo porque en realidad ni mi tía ni yo sabíamos nada de cómo cuidar a un bebé y menos de dos, pero a pesar de las dificultades nos la ingeniamos y los sacamos adelante. Los meses transcurrían muy rápido y se acercaba la fecha en la que debía regresar a la facultad, aunque Nera y Eli me ayudaban con las materias, no era lo mismo que estar en clases presenciales. Fue entonces que mi tía y yo acordamos buscar a alguien que nos ayudara con el cuidado de los niños. Fue entonces que conocimos a Beca, una chica muy encantadora de 16 años, muy joven, sí, pero era muy trabajadora y responsable, además le encantaban los niños y los cuidaba muy bien. Desde un principio se le explicó que los niños eran de mi tía y como no es una chica curiosa se lo creyó, pero algunas veces solía comentar que los niños se parecían mucho a mí. Así que le explicamos que mi tía y mi mamá eran gemelas, y eso, basto para que dejara de preguntar. Los años fueron transcurriendo cada vez más rápido, los niños crecían cada día y yo me tenía que esforzar el triple para terminar mi carrera con éxito. Luego de terminar comencé a realizar mi residencia en el Hospital Saint Thomas y hoy en día soy una digna residente del mismo. Fin flashback...
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