¿Se necesitan contratiempos para disfrutar del reposo, y sólo podemos ser dichosos a expensas de nuestra felicidad? Una enojosa experiencia nos enseña que hay que alejarse de lo que nos es más querido para que siga siéndolo mucho tiempo. Mas ¿quién puede someterse a ese exilio voluntario? Un corazón, acostumbrado a sensaciones vivas, teme verlas acabarse; se apodera de cuanto tiene relación con ellas y sus propios ardores lo consumen. Me había dirigido, a la hora señalada, al aposento de Éléonore; la vislumbro en la oscuridad, vuelo a sus brazos y, sin decir una palabra, me hundo en un río de deleites; repetimos nuestros deliciosos acuerdos; nuestros sentidos y nuestros deseos se conciertan de manera perfecta. Después quiero hablar con el objeto de mi pasión, sus respuestas no son más qu

