Lisa. Anoche estuve con Cassio, y después de un rato juntos, él me dejó en el departamento. Antes de irse, me dijo que esta noche vendría porque tiene algo importante que decirme. No pude evitar pensar que, quizás, me pedirá matrimonio. La idea de esa posibilidad me hace sentir mariposas en el estómago, y aunque trato de no adelantarme a los acontecimientos, una parte de mí no puede dejar de imaginarlo. Ahora, me encuentro dedicada a cepillar el cabello de Casandra. Ella está sentada frente a mí, quieta y tranquila mientras yo paso suavemente el peine por su cabello ondulado y oscuro. Es fascinante cómo se parece tanto a mí: su cabello, tan parecido al mío, y esos ojos grises, brillantes y llenos de curiosidad, como una mini copia de mí misma. A veces me sorprende lo rápido que crece, có

