Hace más de una semana que no veía a Cassio. Odiaba esto de verlo máximo cinco veces al mes. No entendía por qué me molestaba tanto, si antes lo odiaba, pero ahora sentía como si fuera un objeto que tomaba y luego se largaba. Al menos las gemelas estaban felices aquí, en la piscina, aprendiendo a nadar. Por un momento, me dejé llevar por sus risas y por la tranquilidad que eso me daba. Pero entonces, la puerta se abrió, y volví a la realidad. Cuando salí, vi que él estaba allí, de pie, mirándome con esa expresión que nunca cambiaba, una mezcla de arrogancia y dominio. Llevaba su típica camiseta oscura y unos pantalones cómodos. Cassio dejó caer su mirada hacia mis senos, ya que llevaba un bikini, y una sonrisa burlona se dibujó en su rostro. —¿Por qué tan seria? —me preguntó, con esa vo

