Cassio me dejó en mi departamento, y tan pronto como cerró la puerta, las gemelas vinieron corriendo hacia mí. Las abracé con cariño. Camila, como siempre, era más tímida, mientras que Casandra, la más rebelde, mostraba una energía arrolladora. Ambas tenían mucha confianza con Cassio, lo cual me sorprendía, pero también me aliviaba ver cómo se adaptaban a él. —Queremos más vestidos de princesa —dijo Casandra, con los ojos brillando de emoción. Miré a Camila, que estaba callada, y entendí que le daba pena pedir lo mismo. Sabía que a Camila también le encantarían, pero su timidez la hacía más reservada. —A Camila le da pena pedirlo —comenta Casandra. Cassio, que nos observaba desde la puerta, se acercó con una sonrisa amable. —No les debe dar pena —dijo, agachándose para mirarlas a los

