Lisa No había logrado dejar de llorar desde que Cassio se fue. Me encerré en mi habitación porque no quería que las niñas me vieran así. El dolor era tan grande que me resultaba difícil respirar. Al día siguiente, mientras desayunaba con las gemelas, escuché un suave golpeteo en la puerta. Al abrirla, vi a Damián y Valentina, acompañados por un par de escoltas. Valentina me miró y, sin decir una palabra, se acercó y me dio un abrazo reconfortante. Valentina siempre había sido una niña dulce, la única persona en la familia de Cassio con la que realmente me llevaba bien. Él me la presentó hace dos años, y desde entonces, aunque sus vínculos con él eran complicados, ella había sido un apoyo. Las gemelas, al ver a Damián, corrieron hacia él emocionadas. —¡Damián! —gritaron, abrazando sus p

