Después de recorrer todas las aulas con la directora para mi presentación oficial frente a los estudiantes, volví a mi oficina, todavía conservaba el aroma del perfume de Mercy o quizá, era solo mi imaginación. Me quité los anteojos y me llevé las manos a la cabeza, jalé mis cabellos tratando de hacer que mi mente entrara en razón. Las palabras del estudiante coreano a Mercy llegaron a mis oídos como si un eco imaginario me las estuviera repitiendo: “Ten cuidado bebé, te puedes lastimar” Un dolor en el estómago me invadió y la ira se reflejó en mis manos, un golpe seco con el puño sobre el escritorio fue el resultado. El dolor en mis nudillos me hizo volver a la realidad —¿Qué te pasa imbécil? —Me pregunté en voz alta—Es una niña, no la puedes ver como mujer —. Me repetí una y otra vez

