Un extravagante olor a alcohol inundó mis fosas nasales, hice una mueca de asco mientras levantaba y apartada con brusquedad la mano que estaba cerca de mi rostro, permitiéndome escuchar una pequeña queja de voz femenina. —Está bien, Shane —habló la Sirenita, tras bajar su mano hasta mi frente y alejar mi cabello—. Ya está despertando. —¿Estás segura, Detergente? —Que sí, el idiota ya me golpeó. Escuché una pequeña risa burbujear de los labios de Shane, mientras el volumen en la radio del auto en el que me llevaban, aumentaba. Abrí mis ojos con lentitud, dándome cuenta que me encontraba acostado sobre el regazo de la pelirroja. Un fuerte punzón azotó en mi pómulo, así como también cerca de mi labio inferior, trayendo con ello a flote el recuerdo de todo lo que había sucedido. Me encon

