Una joven rubia se pasea frente a mí, saltando de un lado a otro como si fuese una chiquilla; su cabello era tan dorado, que incluso podía confundirse con un rayo de sol, el cual se movía de un lado a otro cada vez que ella daba un salto de felicidad. Su sonrisa era bulliciosa, y también hermosa. Me quedé anonadado, sin saber dónde me encontraba. Me dediqué a observar a la bella chica con tanta dulzura, que temí que la Sirena estuviese celosa después de esto. Pero lo cierto era que no podía dejar de mirarla. Algo en mi interior me instaba a querer acercarme; algo me hacía desear poder abrazarla para después nunca más liberarla. Conocía ese rostro, podía reconocer ese par de ojos azules a millas de distancia, solo que justo ahora, aquel rostro al que estuve tan acostumbrado a mirar por t

