Shane podía ser muy fastidioso cuando se lo proponía. Aún me encontraba gruñón, a tal punto que ni siquiera deseaba dirigirle la palabra. A pesar de que le insistí en que no eligiera ni a Elsi, ni a Cold, el hijo de puta había terminado por llevarse a Elsi, quien ahora iba acurrucada en mi regazo, mientras su nuevo amo conducía al paso de la tortuga y en completo silencio. El bicho raro tomó el móvil entre sus dedos otra vez, disminuyendo la velocidad aún más, mientras se dedicaba a revisar un mensaje que acababa de llegarle. Hacía treinta minutos atrás que había comenzado a revisar el teléfono constantemente, incluso había notado, que con cada mensaje que contestaba, una vena resaltaba en su garganta. Desvié la mirada mientras agarraba a la perra por el cuello y la pasaba hacia el asie

