Capítulo 54. Ariel

1604 Palabras

Me enderezo en cuanto siento que estaba cayendo de lado, mi cuello duele como el infierno, lo que me obliga hacer una horrible mueca de dolor, soportando el hecho de no tener que rabiar. Me había quedado dormida en esa incómoda silla, y lo hubiera seguido estando, si no me hubiera ido de lado. No sabía qué horas eran, pero al sentir mis manos y pies entumidos, más unas gran e incesantes ganas de ir al baño, me decían que ya había pasado muchas horas desde que había sido raptada. —¿Oward? —llamo, con la esperanza de que el sujeto se encuentre cerca—. Tú, imbécil, ¡Voy a orinarme si no me llevas al baño ahora! —¿Siempre eres así de mandona? —indaga desde el extremo de la habitación. Sigo con la mirada hacia dónde provino su voz, pero no lo veo. Todo continúa estando muy oscuro. —¿Qué

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