Capítulo 2 El fin de semana siguiente Keisha decidió concurrir, luego de tanto tiempo, al servicio dominical matutino en la Iglesia Bautista de Harlem donde solía ir de niña. El pastor la recibió encantada en la puerta junto con el resto de los feligreses y la mujer se sentó aproximadamente donde lo hacía en su infancia. El contacto con los viejos asientos y el olor peculiar del templo evocaron todo tipo de recuerdos que finalmente hicieron brotar algún suspiro. De los concurrentes solo reconocía algunas caras que le resultaban vagamente familiares, y había una gran presencia de niños. Todos los presentes eran Afro-americanos con distintos tonos de piel. No pensaba pasar esta vez por casa de sus padres pues quería aclarar sus ideas y reflexionar en soledad; por ello había elegido un cult

