Esteban comenzó a bajar con sus manos hacia la cintura y caderas de la mujer, que emitió ligeros gemidos de satisfacción. Finalmente se posaron sobre las nalgas carnosas y comenzaron a acariciarlas. Ella interrumpió el beso y le preguntó. -¿No vas demasiado rápido? -Yo pienso que no, pero si quieres que interrumpa lo haré. -Mentiroso.- Dijo ella en un maullido gatuno. -Tú no podrías parar ni tampoco yo. El hombre apretó la nalga hasta que Luz produjo un débil gemido de queja. -Mi casa está a solo tres cuadras de aquí. ¿Quieres venir? Ambos entraron en el apartamento mono-ambiente luego de recorrer casi corriendo la distancia que los separaba y subir ruidosamente los cuatro pisos por escalera generando algunos gritos de los vecinos por el desorden. Al cerrar la puerta Esteban apret

