Abrí la puerta con determinación y la encontré solo en su ropa interior,Gritó al verme entrar a su cuarto, intentando cubrir su intimidad.mientras la doncella intentaba ajustarle el tedioso corsé. Me quedé perplejo, sintiendo que mi cuerpo no reaccionaba para retirarme.
_Mi lord, ¿no le han enseñado a golpear la puerta antes de entrar?" exclamó con indignación, mientras yo la miraba sorprendido.
_¿Por qué debería hacerlo? Esta es mi casa, le respondí sin pensar, notando su sorpresa en la mirada.
_Pues entonces, quédese admirar el espectáculo_ replicó con evidente sarcasmo a pesar de eso me quedé observando cotizado mientras la doncella intentaba vestirla rápidamente.
_Solo he venido a hablar con usted, pero admito que vine en el momento más inoportuno, expresé, tratando de justificar mi presencia.
La doncella, con destreza, finalizó de abotonar el vestido y, con un gesto rápido, se retiró dejándonos a solas.
En unas cuantas zancadas, la tomé de la cintura y besé con necesidad aquellos labios carnosos. Mis instintos parecían actuar por sí solos, sin considerar la sensatez. Solo deseaba saciar esa necesidad primitiva de besarla. Aunque opuso resistencia inicial, cedió por completo a mis demandas. Besé y mordí esos labios como si fueran el fruto prohibido.
_Me alejé por falta de aire, ambos agitados. ¿Qué está haciendo? me susurró confundida. Fue como un baño de agua fría que nos devolvió a la realidad. La miré un instante y actué como un idiota.
Puedo persuadir para que olvide lo sucedido. No me gustaría que creyera que entre nosotros hay algo más que una simple amistad. Solo le pido que no mencione a nadie lo ocurrido. No quiero verme envuelto en escándalos que afecten mi reputación por causa de una indiscreción, expresé, tratando de justificar mi comportamiento.
Merecía la bofetada que recibí, seguida de una reprimenda. _¿Cree que puede tratarme de este modo, besarme y luego pedir que olvide todo? Usted entró sin previo aviso a mi alcoba y también es quien me ha besado. Ahora me pide que lo olvide, replicó, enterrando su dedo en mi pecho con firmeza.
Tomé su brazo con firmeza, apretándolo con determinación, y le hablé con voz brusca, intentando asustarla. Jamás he permitido que ninguna mujer me hable con total insolencia, menos una joven como usted. Así que, por el bienestar de nuestra reputación, espero que mantenga completa discreción, expresé con dureza, tratando de imponer mi autoridad.
Ella se soltó de mi agarre y me miró desafiante. Debería marcharse. No queremos que su reputación se vea manchada, dijo con sarcasmo. Si me disculpa, tengo que terminar de empacar.
La miré por un instante antes de decidirme a retirarme y olvidarla para siempre. Caminé con paso firme, cruzando la habitación. Sin embargo, un impulso primitivo se apoderó de mí, gritándome desesperadamente que la besara una vez más. Fue más fuerte que mi control, así que me di media vuelta y, en cuatro grandes zancadas, la tomé de la cintura y besé sus labios una vez más.
Golpeó mi pecho para apartarme, pero no lo hice. La abracé con más fuerza hasta que se rindió ante mis besos. Nos besamos hasta saciar nuestras ansias, la abracé con fuerza y besé su cabellera.
¿Qué has hecho conmigo que no puedo sacarte de mi cabeza?, le susurré con voz ronca y agotada. No esperé su respuesta y me alejé avergonzado por exponer mis sentimientos.
Caminé con paso firme hacia mi habitación, sintiéndome inquieto. Deambulaba de un lado a otro, reviviendo una y otra vez aquel encuentro. Decidí que un trago ayudaría a calmarme, aunque me sentía como un estúpido por actuar sin la mínima sensatez. Al menos, me consolaba saber que no la volvería a ver en mucho tiempo.
Sumido en mis pensamientos, escuché un golpeteo en la puerta. Una voz nerviosa y apenas audible de una mujer preguntó si estaba allí. Le indiqué que pasara, y una criada entró tímidamente por la puerta.
_ ¿Sabes que está prohibido deambular por aquí? _, le pregunté con firmeza.
_ Lo lamento, my lord, pero lady Berkeley me pidió que fuera discreta para entregarle esto, dijo, sacando un papel doblado cuidadosamente de su bolsillo.
Le pedí que esperara afuera y tomé el papel entre mis manos. Antes de abrirlo, le recordé la importancia de la discreción y la amenacé con despedirla si comentaba algo.
Abrí la carta y leí:
"Estimado marqués,
Solo espero que ambos olvidemos todo lo sucedido estos últimos días y que el tiempo se encargue de borrar cada rastro de sus besos. Al menos para usted, será así. En lo que a mí respecta, esos besos se han marcado como hierro en mis labios. Usted ha sido mi primer beso, y creo que estoy condenada a recordarlo por el resto de mi vida. Solo espero que el día que nos reencontremos, nos saludemos con total indiferencia por el bien de ambos.
Me despido agradecida por su hospitalidad.
Ledy Berkeley
Ha transcurrido un año entero desde que asumí la posición como el nuevo Marqués de Lancaster. Este cambio ha revolucionado por completo mi vida, ahora me veo investido con la responsabilidad del bienestar de mis hermanos y mi madre. Llevo sobre mis hombros no solo el título, sino también el destino de nuestra familia.
Este último año ha estado marcado por un luto riguroso, donde la sombra de la pérdida de mi padre ha permeado cada rincón de nuestra existencia. Hemos pospuesto durante doce meses completos la presentación en sociedad de Harriet, un evento que hasta ahora había sido una prioridad de menor importancia. Sin embargo, ahora, con el tiempo adecuado y la organización meticulosa que merece nuestra posición, es lo que ocupa sus pensamientos y energías.
Mientras tanto, aguardo ansioso el inicio de la temporada social. Durante este último año, Philippa ha estado ausente de mi vista, presente únicamente en mis pensamientos más oscuros y privados. No puedo evitar recordar sus labios carnosos, el suave roce de su piel. A menudo he soñado con volver a besarla, con retenerla entre mis brazos una vez más.
La incertidumbre se cierra sobre mí, aunque encuentro algo de alivio en saber que, hasta donde alcanza mi conocimiento, después de todo este tiempo, Philippa no ha contraído matrimonio . Aguardo con impaciencia el momento en que nuestras trayectorias se crucen nuevamente....
por philippa:
Tras el deceso del Marqués, me vi obligada a retornar a la escuela para señoritas. No obstante, antes de sumir en esa rutina, opté por realizar una breve visita a mi hogar, aunque en el pasado prácticamente fui desterrada por mi padre. Las circunstancias eran diferentes ahora, al menos eso deseaba creer.
Durante una cena tensa, mi madrastra y mi padre abordaron el tema de mi futuro con una claridad brutal.
.