Capítulo V La chica más sensual

1286 Palabras
Sonríe divertido, me salgo de mis casillas y me giro para dejarlo ahí, pero toma de mi mano y me gira para volver a encararlo. —Mira bebé, cuando seas una niña mala va a haber consecuencias —habla de manera calmada—, tú me ignoraste, yo te doy tu merecido, el cual fue ponerte un poco celosa. ¿Un poco? ¡¿Un poco?! ¿Acaso está tonto? Estoy más que un poco celosa. —Ahora responde, ¿por qué no me hablaste en el momento que me viste? Lo miro pero de golpe evado su mirada y vuelvo a hacer un puchero. —Olivia —me amenaza. Lo vuelvo a mirar retándolo. —¿No me vas a decir, niña mala? Mi corazón empieza a latir con rapidez y algo muy dentro de mí me dice que mejor suelte la sopa. —Uno —empieza a contar—, dos... tres. Sin previo aviso me toma por los muslos y me levanta poniéndome en su hombro. —Bájame, ¿acaso estás loco? —Te lo advertí, toda acción tiene sus consecuencias, bebé. —Pero ¿aquí? Estamos en un centro comercial. —No me importa, eres mi niña y hago lo que quiera contigo. —Bájame —empiezo a patalear, pero él me ignora totalmente. Llegamos al estacionamiento y me mete dentro de su deportivo, pone los seguros para que no pueda salir y rodea el auto para entrar él. —Envía un texto a tu amiga diciendo que te vas conmigo —me ordena. —No, le enviaré un texto diciendo que me ha secuestrado un enfermo —le hablo molesta. Saco mi móvil y empiezo a textear cuando Luke lo toma, escribe algo y después lo guarda en la bolsa de sus pantalones. —Dámelo —le reclamo. Sonríe victorioso, y arranca de golpe el deportivo haciendo sonar las llantas en el asfalto, salimos a una velocidad rápida llamando la atención de los demás. —¿A dónde me llevas? —Serás castigada, por ser una niña mala. Sus palabras son en un tono más grave de lo usual, y me fijo en su rostro, el cual lo tiene tenso y puedo ver como la vena de su cuello se marca de manera provocativa, reprimo una sonrisa mordiendo mi labio inferior y justo en ese momento me mira de reojo. —Deja de morderte el labio. —¿Por qué? —pregunto está vez en un noto más provocador, creyendo entender su juego. —Porque papi lo ordena. ... Llegamos a una enorme casa, parece más una mansión, y es obvio pues está en la zona más lujosa de la ciudad, apaga el motor. —Baja y espérame. Hago lo que me dice, ignorando el espérame, y me dispongo a correr para escapar de ahí. Siento que he ganado y disminuyo mi velocidad, y río victoriosa. —Muy bien, Olivia —me animo a pesar de mi muy mala condición física. –Creo que no corriste lo bastante como para escapar —su voz me paraliza y vuelve a cargarme y me lleva dentro de su casa. —Ahora, ¿me vas a decir por qué no me hablaste en el momento que me viste? —terminando de hablar baja y me para frente de él. Simplemente niego con la cabeza y me cruzo de brazos. —Entonces me dirás por las malas —vuelve a cargarme y sube conmigo las elegantes escaleras. —Te encanta cargarme, ¿verdad? —le pregunto ya acostumbrada. —Claro, eres mi bebé. Llegamos a una habitación y esta vez me sienta en una cama King size con sábanas blancas. Se pone en cuclillas frente a mí y me mira serio. —Última oportunidad, bebé, dime por qué no me hablaste. Le miro me mantengo callada. Sus ojos se hacen de un tono más oscuro de lo normal, me toma de los brazos y me levanta, se sienta justo donde yo estaba y me recuesta en sus largas piernas. Siento como levanta mi falda escolar, y siento el frío en mis muslos y mi trasero. —Encaje, me gusta —habla de mi ropa interior. —¿Qué me vas a hacer? —pregunto, y me sorprendo al darme cuenta de que no estoy asustada, simplemente estoy nerviosa. Siento su fría mano en mi trasero haciéndome pegar un saltito, lo acaricia suavemente, y de golpe planta una nalgada en está. —Ah —me quejo, pero simplemente en reacción pues no ha dolido demasiado. —Te seguiré dando y entre espacios puedes decirme lo que tanto quiero saber. No deja que responda y vuelve a nalguear mi trasero, esta vez más fuerte. —Oh ––dejo escapar otro gemido. Pero no hablo, así que nalguea nuevamente, esta vez en mi otra nalga y más fuerte. —Bien, te digo —espeto después del acto. —Adelante —diciendo esto nalguea otra vez, fuerte. —Mmh —me quejo pero me dispongo a hablar—, estaba enojada. —¿Por qué? Otra nalgada. —Porque no me respondiste el mensaje que te mande. Nalguea otra vez y vuelve a hablar. —¿Solo eso? —S...—nalguea fuerte, más que las anteriores, y me hace soltar un pequeño grito, pero la verdad no se ha sentido tan mal—. Sí. —Bien —me levanta y me pone de espaldas a él—, me gusta el rojo de tu culo, princesa. Muerdo mi labio, por alguna razón me siento más caliente cada vez que me habla. Siento ambas manos tomar mis caderas y me acerca a él aun dándole la espalda, y siento el frío tacto de sus labios en mi culo, como él ha dicho, y se siente jodidamente mal. —A papi no le gusta que le ignoren, así que si vuelve a pasar te volveré a castigar, ¿quedó claro? Asiento. —Sí. —¿Sí qué? —Sí, papi —después de decir eso, me siento la chica más sensual que haya existido. Me sienta en sus piernas, y planta un beso en mi mejilla. Sus ojos se vuelven a conectar con los míos. —Creí que simplemente habías jugado conmigo —le confieso—, me sentí tonta. —Oh mi niña, lo siento. Lo miro, y sé que dice la verdad. —Es solo que no estaba seguro de intentar algo contigo. —¿O sea que quieres intentar algo conmigo? —le pregunto entusiasmada. —Claro —toma mi mentón—, no dejaría que cualquiera me llame papi a menos que yo la deje. Sonrío abrumada. —Eres tan hermosa, bebé. Río. —No es cierto, pero gracias —le respondo apenada. —Oye, la niña de papi siempre va a ser hermosa, ¿vale? —toma mi mentón y me habla serio, se acerca a mi rostro y yo entre abro mis labios para sentirlo—, dime que eres hermosa y entonces te besaré. Siento pena, y nerviosa, pero en verdad quiero sentir sus labios con los míos, así que me armo de valor y lo digo. —Soy hermosa —le susurro a los labios, y entonces el cierra el beso uniéndolos por fin. Siento lo húmedos que están sus labios y abro ligeramente los míos para que entre su lengua. Sus manos empiezan a tentar mi cuerpo, pasando por mi cintura y me siento desvanecer ante su tacto, sus manos se posan en los botones de mi camisa y los desabrocha poco a poco. —¿Quieres tu recompensa por aceptar que eres hermosa? —habla con dificultad. —Sí. —¿Sí qué? —Sí, papi.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR