Sasha se detuvo frente a la puerta de la casa que ahora era de su hermana. Dudó por un segundo, con los dedos apenas rozando la madera como si no estuviera del todo segura de lo que haría a continuación. Incluso podía sentir su pulso acelerado, como si ese reencuentro fuera más difícil que cualquier otro. Finalmente respiró hondo y llamó suavemente. La puerta se abrió luego de un minuto que pareció eterno. Ekaterina la miró con los ojos entrecerrados, desprovistos de maquillaje y con el cabello atado de cualquier forma. Tenía una expresión neutra, como si hubiera esperado que no apareciera nunca más, pero también como si en el fondo deseara volver a verla. —Hola —dijo Sasha con voz baja. —Hola —respondió Ekaterina, abriendo un poco más la puerta para dejarla pasar. La sala estaba en pe

