—No corras Paty—Mientras trataba de vestirla, pera esa nena era más escurridiza y se las ingeniaba para escabullirse. —Papi yo si me quedo quietecito— Sentado en uno de las pequeñas sillas, esperando que su hermana se termine de vestir para poder visitar la tumba de esa persona tan especial. —Alejandro hijo eres tan juicioso que de verdad a veces me asustas pequeño. —¿Quién te asusta mi amor? —Era Alana su esposa, que venía de las oficinas de diseños Fernandini, un imperio que había reflotado a pesar de las trabajas que su apellido paterno aún arrastraba. —Este niño tan juicioso que parece hecho de fábrica— Desarmando su perfecto peinado, provocando que Alejandro se moleste, le gustaba lucir perfecto por eso no le gustaba cuando su papá hacia eso. —No le hagas eso que sabes que no le
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