Melek Salgo del hospital tomada de la mano de Enzo, durante el mes que estuve en recuperación después de despertar, no se ha despegado de mí y se desvive en atenciones hacia mí. Cada día llegó con una rosa roja diciendo que es mi favorita. Ya no siento escalofríos cuando está, cerca quiero pensar que mi corazón lo está reconociendo, después de todo; él estuvo ahí cuando nadie más estaba. Después de hablar con la enfermera aquél día donde terminé enterándome que al parecer no tengo familia, decidí no indagar más sobre el tema por el momento, aunque no puedo ignorar el sentimiento de vacío que se alojó en mi corazón al pensarlo. —¡Un euro por tus pensamientos!—exclama Enzo cuando nota que me he quedado callada—¿Estás bien?—inquiere. —Si, es solo que...—pienso si es correcto preguntarle

